sábado, 12 de septiembre de 2026

EPÓNIMOS

 (Redirigido desde «Jesucristo»)

Las representaciones de Cristo son muy frecuentes en el arte cristiano a pesar de que no hay retratos de Jesús, ni indicaciones concretas acerca de su aspecto físico.[n 1] Cristo Salvador del mundo, el Greco (c. 1600).
Jesucristo tentado, por Carl Bloch (1850).

Cristo (del latín Christus, y este del griego bíblico Χριστός, Christós)[1] es una traducción del término hebreo «Mesías» (מָשִׁיחַ, Māšîaḥ), que significa «ungido»,[2] y que se emplea como título o epíteto de Jesús de Nazaret en el Nuevo Testamento.[3] En el cristianismo, Cristo se utiliza como sinónimo de Jesús.[3]

Los seguidores de Jesús son conocidos como «cristianos», porque creen y confiesan que Jesús es el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento.[4] Por eso, lo llamaban «Jesús Cristo», que quiere decir «Jesús, el Mesías» (en hebreo: «Yeshua Ha'Mashiaj»), o bien, en su uso recíproco: «Cristo Jesús» («el Mesías Jesús»).

El título «Cristo» también está dentro del nombre personal «Jesucristo»,[5] y se menciona como un sinónimo de Jesús de Nazaret en la fe cristiana, que lo considera salvador y redentor de los hombres, el «Verbo» (o Palabra) de Dios encarnado,[6] «el Hijo unigénito de Dios»[7] y «el primogénito de toda la creación» (Colosenses 1:13-18).[n 2]

Las principales creencias cristianas acerca de Jesucristo incluyen su consideración como el Hijo de Dios[8] y Señor; que fue concebido por el Espíritu Santo y que nació de la Virgen María; que fue crucificado, muerto y sepultado durante el mandato de Poncio Pilato; que descendió a los infiernos y, al tercer día, resucitó de entre los muertos y subió a los cielos, donde se encuentra sentado a la derecha de Dios Padre y desde donde volverá para el Juicio Final.

La cristología, un área de la teología, se ocupa principalmente de estudiar la naturaleza divina de la persona de Jesucristo, según los evangelios canónicos y los demás escritos del Nuevo Testamento.

En la Biblia

Cristo y el joven rico (c. 1890) Heinrich Hofmann.

El título «Mesías» fue utilizado en el Libro de Daniel,[9] que habla de un «Mesías Príncipe» en la profecía acerca de «las setenta semanas». También aparece en el Libro de los Salmos,[10] donde se habla de los reyes y príncipes que conspiran contra Yahveh y contra su ungido. Pero fundamentalmente en el libro del profeta Isaías se expresa la llamada corriente mesiánica (Is 9, 1-7) atribuida a Jesucristo, según los escritos del Nuevo Testamento.

En los evangelios canónicos

Jesús es llamado «el Cristo» en los cuatro evangelios del Nuevo Testamento donde se le describe como ungido con el Espíritu Santo. Algunas referencias incluyen Mateo 1:16, Mateo 27:17, Mateo 27:22, Marcos 8:29, Lucas 2:11, Lucas 9:20 y Juan 1:41. En el evangelio de Mateo se trata el tema en el siguiente pasaje:

Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» Y ellos dijeron: «Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas». Él les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Respondiendo Simón Pedro, dijo: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Y Jesús, respondiendo, le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos».
Evangelio de Mateo 16:13-17

En el evangelio de Juan, el título de «Cristo» se usa como nombre de Jesús:

«[…] la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo».

En otros libros bíblicos

El apóstol Pablo escribiendo sus Epístolas, obra de Valentín de Boulogne o de Nicolás Tournier.

En el Libro de Daniel se afirma que el mesías príncipe sería cortado, y no tendría nada.[11][12] La antigua versión de Reina-Valera traduce ‘será muerto y nada tendrá’ y en el margen de la paráfrasis ‘será echado de la posesión’. Esto se cumplió cuando, en lugar de ser aceptado como Mesías por los judíos, fue rechazado, cortado, y no recibió ninguno de los honores mesiánicos que le pertenecían, aunque, con su muerte, echó los cimientos de su futura gloria en la Tierra, obrando la redención eterna para los salvos. En la Primera Carta a los Corintios san Pablo de Tarso escribió que así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, así es el Cristo: la cabeza y los miembros en el poder y la unción del Espíritu forman un solo cuerpo.[13]

En el Libro de Juan, este título es relacionado con el de Mesías, «llamado el Cristo».[14]

Habiendo sido rechazado como mesías en la tierra, él ha sido hecho, ya resucitado de los muertos, Señor y Cristo,[15] y así se cumplen los consejos de Dios con respecto a él y al hombre en él. Se revela que los santos habían sido escogidos en Cristo desde antes de la fundación del mundo. Todas las cosas en el cielo y en la tierra tienen que ser encabezadas en el Cristo,[16] ya que el Cristo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia.[17]

Cristo, el ungido

Cristo y bordón, por Carl Bloch.

La palabra «ungir» ―del latín únguere― significa ‘elegir a alguien para un puesto o un cargo muy notable’ (como sumo sacerdote o rey).[18]

La concepción hebrea del ungido o entronizado proviene de la antigua creencia que establece que untar a una persona u olear un objeto con aceite otorga cualidades extraordinarias, incluso sobrenaturales, cuando estas provienen de una autoridad divina. En el Israel de la antigüedad, la costumbre de ungir a una persona otorgaba la potestad para ejercer algún cargo importante. El término Cristo no solo se utilizaba con los sacerdotes[19] que eran mediadores entre Dios y la humanidad, sino también con los reyes teocráticos[20] que eran representantes de Dios y adquirían de esa manera dignidad sacerdotal. Más tarde se aplicó a los profetas[21] e incluso se vinculó con los patriarcas.[22] Sin embargo, en la transformación del concepto mesiánico, el uso del término se restringió al redentor y restaurador de la nación judía.[23][24]

En el Nuevo Testamento, la palabra Cristo se utiliza como nombre común y como nombre propio. En ambas acepciones aparece con o sin artículo definido, en solitario o asociada a otros términos o nombres. Cuando se usa como nombre propio y, muchas veces, en los otros casos, designa a Jesús de Nazaret, el esperado Mesías de los judíos. De esta manera, para las confesiones cristianas, Jesucristo es el mesías, aquel que el Antiguo Testamento anunciaba que llegaría como plan de salvación de Dios para la humanidad. Otras religiones, sobre todo los musulmanes,[25] judíos ortodoxos, conservadores, y reformistas,[26] lo consideran solamente como un gran profeta o predicador de su pueblo ―el pueblo judío― y el fundador de la religión cristiana, en quien sus seguidores creen y afirman que es el hijo encarnado de Dios.

Cristo, el salvador

El Sermón del Monte (1877), por Carl Bloch.

La palabra salvador, a su vez, era el título calificativo que los judíos aplicaban a sus sacerdotes, reyes, y profetas, ya que estos debían ser ungidos con aceites como parte del rito que los consagraba a su labor. Los seguidores de Jesús de Nazaret, considerando que este era el Mesías prometido por las profecías mesiánicas de la Tanaj, le aplicaron este título a su líder, llamándole Cristo Jesús o el Salvador. A mediados del siglo II -unos cien años después de la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret—se les comenzó a conocer por cristianos en Antioquía, ya que se decían seguidores del Cristo.

Según algunas confesiones cristianas, como la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa, la Iglesia anglicana o las principales iglesias protestantes, la Salvación es una venida de Dios. Sustentan este punto de vista en las palabras del Apóstol Pedro: «Por el contrario, creemos que tanto ellos como nosotros somos salvados por la gracia del Señor Jesús».[27] Esta gracia se obtiene a través de la fe y el obrar cristiano, según católicos y ortodoxos, o exclusivamente por la fe, según los protestantes, es decir, en creer o confiar en que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Salvador y el Único Perdonador de pecados.

En la carta de Pablo a los romanos se explica lo que es la salvación,[28] pero con más precisión en la carta del apóstol Pablo a los Efesios: «Cristo, con su muerte y su Resurrección, es quien elimina la deuda del pecado humano y vehicula en su persona esa gracia redentora».[29] Para el cristianismo la salvación está disponible para todos los que creen y actúan en consecuencia.

Cristianismo

La creencia cristiana (o más bien el Evangelio) afirma que Dios se manifestó a los hombres en la persona de Jesús de Nazaret (en hebreo: Yeshúa), siendo el Hijo de Dios hecho hombre y, por tanto, el Mesías anunciado por los profetas en las escrituras, y ansiosamente esperado por Israel (según las Escrituras).[30] De hecho, Jesús mismo afirmó ser el Cristo.[30] En el Evangelio de Juan, cuando Jesús habla con la mujer samaritana, se registra el siguiente evento:

La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo».
Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo».
(Juan 4:25-26)

A raíz de esto, se narra a los samaritanos diciendo: «nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.» (Juan 4:42)

Cristo, dejando la sala del tribunal, por Gustave Doré.

En el Evangelio de Marcos también se narra a Jesús afirmando ser el Mesías, cuando los sacerdotes del templo estaban interrogándolo:

El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente: «¿Eres el Mesías, el Hijo de Dios bendito?».
Jesús respondió: «Así, yo lo soy: y ustedes verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo».
Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?». Y todos sentenciaron que merecía la muerte.
(Marcos 14:61-64), Versión Biblia de Jerusalén
Jesús en la casa de Anás, obra de José de Madrazo, Museo del Prado.

El cristianismo surgió como una comunidad, la Iglesia, inspirada en las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Según san Lucas (en Hechos de los Apóstoles 11:26), los discípulos de Jesús fueron llamados «cristianos» por primera vez en Antioquía de Siria. La misión que los unía era la prédica de estas enseñanzas por todo el mundo, prédica inicialmente llevada a cabo por sus discípulos directos, llamados apóstoles. Según los Evangelios, Dios preparó un pueblo, prefigurado en el pueblo de Israel, conducido por Moisés y los profetas y al que Cristo encabeza como jefe y salvador. Con este pueblo, Cristo realizaría una nueva alianza. El fin de este pacto es que todos conozcan a Dios Padre y a Jesucristo su Hijo y en Él tengan vida eterna (según el Evangelio de Juan 3.16).

Según el cristianismo, Jesús de Nazaret es el Cristo (el Mesías), Hijo de Dios hecho hombre (según el Evangelio de Mateo),[31] concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Después de la crucifixión, al tercer día resucitó y posteriormente subió al Cielo; y se espera su regreso al final de los tiempos en lo que se llama la «segunda venida de Cristo», o Parusía. El cristianismo explica que el sufrimiento de Jesús era necesario.[32] Frecuentemente se cree que el padecimiento de Jesús se desarrolló en la cruz, en realidad su padecimiento comenzó desde el huerto de Getsemaní.[33] En este pasaje se describe como Jesús lleno de angustia oraba intensamente, su sudor era como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

En las distintas confesiones cristianas

Imagen del Señor de los Milagros que recorre en procesión las calles de Lima, Perú.

La religión cristiana se inició en el seno del judaísmo como uno de tantos movimientos mesiánicos, centrado en la persona de Jesús de Nazaret. Sus seguidores extendieron su culto por todo el mundo basándose en la idea de que Jesús había resucitado.

Los seguidores de Cristo en el mundo actual no forman un conjunto único y uniforme, sino que se agrupan en distintas confesiones, como las iglesias católica, ortodoxa, anglicana, luterana, bautista, anabaptista, menonita, presbiteriana, metodista, mormona, evangélica, etc. Y aún los hay que no reconocen un vínculo con algún grupo.

La fe en Cristo de la mayoría de estas comunidades puede sintetizarse en esta antiquísima profesión de fe:

Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos.

Existe un movimiento llamado ecumenismo, el cual trata de buscar la unidad de todos los seguidores de Cristo. A este respecto, dentro de la Iglesia católica, el Concilio Vaticano II, en su decreto Unitatis redintegratio, ha expresado, refiriéndose a la división de los cristianos, «abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo».[34]

Antes de su realización, el papa Juan XXIII creó el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Esta llamada ha sido continuada por los papas siguientes.[n 3]

Teología

En el cristianismo primitivo, Jesús de Nazaret fue visto por algunos de sus contemporáneos judíos como el Mesías que se profetizaba en el Tanaj, pero tiempo después, Jesús fue visto como la imagen de Dios, separándose del judaísmo y creando su propio libro sagrado, la Biblia.

La mayoría de los cristianos tienen como dogma la Santísima Trinidad que representa a Dios, el teólogo Arrio discrepó de esa enseñanza y dijo que Jesús estaba subordinado a Dios Padre y por lo tanto no hace parte de Dios, ese modelo llevó a un movimiento llamado Unitarismo . El teólogo Nestorio indicaba que Jesús y Dios son de naturaleza divina pero separados. El binitarismo enseña que Dios son dos personas. En algunas ramas cristianas Jesús es Dios.

Saliendose del cristianismo, en el islam, Jesús es uno de los tantos profetas enviados por Dios.

En el catolicismo

La luz del mundo (1853), de William Holman Hunt, Keble College, Universidad de Oxford. Cristo llama a una puerta que representa el alma humana y lleva un farol en alusión a su frase «yo soy la luz del mundo, aquel que me siga no andará en las tinieblas, pues tendrá la luz de la vida» (Juan, 8:12).

Para el catolicismo, Cristo es el Hijo de Dios hecho hombre para la salvación del género humano, y esa es la «Buena Nueva»: Dios ha enviado a su Hijo.[35] Hijo de Dios hecho hombre: para la Iglesia católica esto significa que la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, se hizo hombre en el seno de María. Cristo, siendo una sola Persona divina, es perfecto Dios y perfecto hombre. Esta doctrina encuentra sus antecedentes en distintos textos de la Sagrada Escritura, entre los que se puede citar:

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Evangelio según San Juan 1:1. Ed. BdJ
Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros...
Evangelio según San Juan 1:14. Ed. BdJ
Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.»
Evangelio según San Juan 20:28. Ed. BdJ
...y los patriarcas; de los cuales también procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.
Epístola de San Pablo a los Romanos 9:5. Ed. BdJ.
El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre.
Epístola de San Pablo a los Filipenses 2:6-11 Ed. BdJ
...aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo...
Epístola de San Pablo a Tito 2:13 Ed. BdJ

Se han producido dentro de la Iglesia católica distintos debates referidos a cómo deben interpretarse estas afirmaciones. Su posición oficial ha quedado fijada en las decisiones de los distintos Concilios:

El Primer Concilio de Nicea, en el año 325, el primer concilio ecuménico que la Iglesia católica pudo realizar terminadas las persecuciones que padeció sus primeros 300 años, profundizó los textos bíblicos citados, afirmando que Jesucristo es consustancial al Padre (de la misma sustancia que el Padre), es decir, verdadero Dios.

El Primer Concilio de Constantinopla, en el año 381, continuó con la profundización de la doctrina, redactando el Credo Niceno-Constantinopolitano:

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma sustancia del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Los Concilios siguientes han continuado precisando la doctrina:

  • El Concilio de Éfeso (año 431), definió que el Cristo histórico es al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre, y como consecuencia necesaria, María es madre de Dios.[36]
  • El Concilio de Calcedonia (año 451), precisó y formuló la existencia de las dos naturalezas divina y humana en la Persona única de Cristo.[37]

Estas precisiones han surgido como respuesta a distintas doctrinas que fueron apareciendo. Por ejemplo:

  • El monarquianismo o adopcionismo: Jesús era un simple ser humano, elevado a una dignidad similar a la de Dios luego de su muerte.
  • El apolinarismo: en Cristo el espíritu estaba sustituido por el Logos divino, con lo que implícitamente negaba la naturaleza humana completa del Redentor.
  • El arrianismo: Jesús fue creado por Dios como el primer acto de la Creación, coronación gloriosa de toda la creación. Entonces, Jesús fue un ser creado con atributos divinos, pero no divino en y por Sí mismo.
  • El nestorianismo: afirmaba que en el Verbo existen dos personas: la divina (Cristo, hijo de Dios) y la humana (Jesús, hijo de María). Por tanto, María no es madre de Dios, es madre de Cristo.
  • El monotelismo: afirmaba que en Cristo existían dos naturalezas (como en el catolicismo), pero solo la voluntad divina.

En todas ellas, la Iglesia ha visto en el fondo la negación de la redención, porque creían que era necesario que Cristo fuera Dios, para poder redimir; que fuera hombre, para poder padecer; y que fuera una sola persona, para poder referir la divinidad y la humanidad «en concurrencia inefable y misteriosa en la unidad».[40]

Para la Iglesia católica, Cristo, en el mundo actual, es «Lumen Gentium», «Luz de los pueblos».[41] Por ello san Juan Pablo II, en la homilía de comienzo de su pontificado, exclamaba: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!».[42]

Más recientemente, el papa Francisco ha expresado:

Jesús es Dios, pero se ha abajado a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino. Y así lo hemos acogido hoy. Y esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo.
Papa Francisco, homilía en Misa por Domingo de Ramos 2013.[43]

Nacido de María Virgen

Imagen del Cristo Redentor en la ciudad y puerto de Río de Janeiro, Brasil.

El Catecismo de la Iglesia católica destaca que «los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra».[44]

La Iglesia católica resalta el papel de María en la concepción virginal de Cristo, en su relación de fe hacia Él y en la redención por él obrada. Los Padres de la Iglesia abordaron la íntima unión de Cristo y María en la obra de la redención. Por ejemplo:

Adán, en efecto, fue recapitulado en Cristo, para que esto que es mortal fuera engullido en la inmortalidad, y Eva en María, para que una virgen convertida en abogada de una virgen disolviese y anulase con su obediencia de virgen la desobediencia de una virgen.

Por un lado, la Iglesia católica sostiene que Dios ha preparado a María para tal misión, «en atención a los méritos de Cristo Jesús», preservándola del pecado original, en lo que se denomina su Inmaculada Concepción[45] y concediéndole multitud de gracias, las que ella misma reconoció diciendo: «Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas»[46] y a las que ella correspondió con absoluta fidelidad y entrega.[n 4]

Por otro, ha visto en el sí de María, al aceptar el ofrecimiento del ángel a ser madre de Jesús, el sí de la humanidad, que aceptaba a través de ella la salvación que traería Cristo.[n 5]

Por el hecho de ser madre de Cristo, que según se ha visto la Iglesia católica enseña que es la segunda Persona de la Santísima Trinidad que se hizo hombre sin perder su condición divina, la Iglesia la llama Madre de Dios.[47]

Los evangelios detallan los hechos de la vida de Cristo más sobresalientes, sin embargo, en los mismos no pasa desapercibida la discreta presencia de María: el Hijo de Dios se hace hombre luego de su consentimiento;[48] los pastores y los magos encuentran al Niño Prometido junto a ella;[49] Cristo hace su primer milagro a su pedido;[50] está firme al pie de la Cruz, junto a su Hijo.[51] La Iglesia ha visto en las palabras de Jesús: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» y a Juan: «Ahí tienes a tu madre»[52] la entrega de María como madre de todos los cristianos, representados en la persona de Juan, por lo que es llamada «Madre de la Iglesia».[53] Y ella, que «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón»,[54] perseveraba en la oración junto a la Iglesia naciente, según cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles.[55] El Apocalipsis habla de una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza y que da a luz un hijo varón que derrotará al dragón infernal.[56]

En la misma promesa del Redentor, contenida en el libro del Génesis, se habla de una mujer, de la que nacería el vencedor de la serpiente:

Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón.

A este respecto comenta san Alfonso María de Ligorio: «ya desde el principio de la Humanidad, Dios predijo a la serpiente infernal la victoria y el dominio que había de ejercer sobre él nuestra reina al anunciar que vendría al mundo una mujer que lo vencería […] ¿Y quién fue esta mujer su enemiga sino María, que con su preciosa humildad y vida santísima siempre venció y abatió su poder? «En aquella mujer fue prometida la Madre de nuestro Señor Jesucristo», dice san Cipriano. Y por eso argumenta que Dios no dijo «pongo», sino «pondré», para que no se pensara que se refería a Eva».[57]

San Agustín, comentando el pasaje donde una mujer le dice a Jesús: «dichoso el vientre que te llevó» y el Señor contestó: «mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen»,[58] dice que esto significa que María, no solamente escuchó la palabra y la cumplió[59] sino que es más feliz por haber concebido a Cristo en su mente mediante la fe, que por haberlo llevado en su seno.[60] A través de ella, la misma «Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros».[61]

Por esta elección de Dios y su correspondencia por parte de María, ha visto la Iglesia en ella un modelo de perfecta cristiana, y un camino para llegar a Cristo.[n 6][n 7][n 8]

Cristo e Iglesia

Placa con los datos de la imagen del Cristo de la Concordia en Cochabamba, Bolivia.
Imagen del Cristo o Nazareno Negro en su altar en Manila, Filipinas.

En el Evangelio de Mateo, Jesús habla de «su Iglesia».[62] La palabra «iglesia» viene del griego ecclesia, que significa ‘asamblea’. San Pablo de Tarso dice que la iglesia es el cuerpo de Cristo.[63]

La Iglesia católica afirma ser ella la iglesia fundada por Cristo,[64] exhibiendo entre otros argumentos, la sucesión apostólica: todos los obispos católicos han sido ordenados por otro obispo, y así, remontándose hacia atrás, se llegará a uno de los apóstoles elegidos por Cristo. Dice así san Ireneo de Lyon:

Pero la tradición de los apóstoles está bien patente en todo el mundo y pueden contemplarla todos los que quieran contemplar la verdad. En efecto, podemos enumerar a los que fueron instituidos por los apóstoles como obispos sucesores suyos hasta nosotros.
San Ireneo de Lyon (mártir y Padre de la Iglesia, f. 202), «Tratado contra las herejías» (alrededor del año 190)

Según la Iglesia, solo en ella puede encontrarse la plenitud total de los medios de salvación dados por Cristo.[65] Sin embargo, ella misma enseña que fuera de sus límites visibles, hay muchos elementos de santificación y de verdad.[66]

Cristo y papado

Según el catolicismo, dentro de la sucesión apostólica que concierne a todos los obispos, está la del obispo de Roma —el papa—, sucesor de san Pedro hasta nuestros días. (Véase Anexo:Papas). La Iglesia católica afirma que Cristo constituyó jefe de su Iglesia a San Pedro y en él a sus sucesores:

Enseñamos, pues, y declaramos que, según los testimonios del Evangelio, el primado de jurisdicción sobre la Iglesia universal de Dios fue prometido y conferido inmediata y directamente al bienaventurado Pedro por Cristo Nuestro Señor. Porque solo a Simón —a quien ya antes había dicho: Tú te llamarás Cefas [Ioh. 1, 42]—, después de pronunciar su confesión: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, se dirigió el Señor con estas solemnes palabras: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y cuanto atares sobre la tierra, será atado también en los cielos; y cuanto desataras sobre la tierra, será desatado también en el cielo [Mt. 16, 16 ss]. [Contra Richer, etc.; v. 1503]. Y solo a Simón Pedro confirió Jesús después de su resurrección la jurisdicción de pastor y rector supremo sobre todo su rebaño, diciendo: «Apacienta a mis corderos». «Apacienta a mis ovejas» [Jn. 21, 15 ss].

La Iglesia enseña que el papa es el «principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles».[68] Por esto, san Ambrosio de Milán pudo decir: «allí donde está Pedro, allí está la Iglesia».[69]

Con referencia a esto, continúa san Ireneo de Lyon en la cita que se transcribió en la sección referida a Cristo y la Iglesia:

Sería muy largo en un escrito como el presente enumerar la lista sucesoria de todas las Iglesias. Por ello indicaremos cómo la mayor de ellas, la más antigua y la más conocida de todas, la Iglesia que en Roma fundaron y establecieron los dos gloriosísimos apóstoles Pedro y Pablo, tiene una tradición que arranca de los apóstoles y llega hasta nosotros, en la predicación de la fe a los hombres (cf. Rom. 1, 8), a través de la sucesión de los obispos. […] En efecto, con esta Iglesia (de Roma), a causa de la mayor autoridad de su origen, ha de estar necesariamente de acuerdo toda otra Iglesia, es decir, los fieles de todas partes; en ella siempre se ha conservado por todos los que vienen de todas partes aquella tradición que arranca de los apóstoles.

Y san Cipriano de Cartago:

El Señor habla a san Pedro y le dice: «Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella». Y aunque a todos los apóstoles confiere igual potestad después de su resurrección y les dice: «Así como me envió el Padre, también os envío a vosotros. Recibid el Espíritu Santo. Si a alguno perdonareis los pecados, le serán perdonados; si alguno se los retuviereis, le serán retenidos», sin embargo, para manifestar la unidad estableció una cátedra, y con su autoridad dispuso que el origen de esta unidad empezase por uno. Cierto que lo mismo eran los demás Apóstoles que Pedro, adornados con la misma participación de honor y potestad, pero el principio dimana de la unidad. A Pedro se le da el primado, para que se manifieste que es una la Iglesia de Cristo.
San Cipriano de Cartago (mártir y Padre de la Iglesia, f. 258) «De la unidad de la Iglesia» (4, 5)

Palabra de Cristo y su interpretación en la Iglesia católica

Cristo de Medinaceli, conocido también como el Señor de Madrid, en su paso en Madrid, España.

Para la Iglesia, las enseñanzas de Dios están contenidas en la Biblia y en la transmisión oral de la predicación de los apóstoles, llamada Tradición Apostólica. A su vez, estas enseñanzas han llegado a los hombres de todos los tiempos a través del Magisterio de la Iglesia, ejercido por los obispos, sucesores de los apóstoles, en comunión con el sucesor de San Pedro, el papa.

La interpretación de la Palabra en la Iglesia católica no es libre. Tratándose de la Sagrada Escritura, por ejemplo, la Iglesia enseña que debe hacerse «estando atentos a los que los autores humanos quisieron verdaderamente afirmar y a lo que de Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras».[70]

Esta interpretación es realizada por la Iglesia, «columna y fundamento de la verdad», como dice San Pablo.[71] Y fue ejercida desde el comienzo, por los mismos apóstoles: «El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido…».[72]

La Iglesia primitiva no tenía Nuevo Testamento. La misma inclusión de los libros sagrados en el canon bíblico, ha sido un acto del Magisterio eclesiástico.[n 9] El resto de las confesiones cristianas han heredado la Biblia (el Nuevo Testamento al menos) tal como quedó fijado por la Iglesia católica.

Ya desde el comienzo del cristianismo, surgieron opiniones divididas respecto a las enseñanzas transmitidas por Jesucristo. Por ejemplo el apóstol san Juan dice, refiriéndose a los disidentes: «ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros».[73]

La Iglesia entiende que Dios, al revelar su palabra a través de Cristo, constituyó al mismo tiempo una autoridad presente en todos los tiempos, encargada de interpretarla sin equivocarse, a fin de mantener «la pureza de la fe transmitida por los apóstoles», de otra manera no habría modo de saber sin que quede lugar a dudas cuál es la interpretación correcta. Esta capacidad de la Iglesia de interpretar sin equivocarse la palabra de Cristo, la Iglesia la llama «infalibilidad», y ella entiende que la ha recibido de Cristo, conjuntamente con la misión de difundir su palabra.[74]

El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral... La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el Cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro, sobre todo en un Concilio ecuménico (LG 25; cf. Vaticano I: DS 3074).
Catecismo de la Iglesia católica, 891

Gracia de Cristo en los sacramentos

La Última Cena, Juan de Juanes, c. 1562, óleo sobre tabla, 116 × 191 cm, Museo del Prado, Madrid.

Algunos párrafos del Catecismo de la Iglesia católica donde se explica la doctrina acerca de los sacramentos:

Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos mediante los cuales el Espíritu Santo distribuye la gracia de Cristo, que es la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo.
Catecismo de la Iglesia católica, 774
Sentado a la derecha del Padre y derramando el Espíritu Santo sobre su Cuerpo que es la Iglesia, Cristo actúa ahora por medio de los sacramentos, instituidos por él para comunicar su gracia. Los sacramentos son signos sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra humanidad actual. Realizan eficazmente la gracia que significan en virtud de la acción de Cristo y por el poder del Espíritu Santo.
Catecismo de la Iglesia católica, 1084
Hay en la Iglesia siete sacramentos: bautismo, confirmación o crismación, eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, orden sacerdotal y matrimonio (cf. DS 860; 1310; 1601).
Catecismo de la Iglesia católica, 1113
Adheridos a la doctrina de las Santas Escrituras, a las tradiciones apostólicas y al sentimiento unánime de los Padres, profesamos que los sacramentos de la nueva Ley fueron todos instituidos por nuestro Señor Jesucristo (DS 1600-1601).
Catecismo de la Iglesia católica, 1114

Eucaristía como actualización del sacrificio de Cristo

Especial mención merece la eucaristía. La Iglesia católica cree que la eucaristía o Santa Misa fue instituida por Cristo cuando en la Última Cena dijo: «Tomad y comed: esto es mi cuerpo», «Tomad y bebed, esto es mi sangre», «haced esto en conmemoración mía».[75] Ella cree que en cada eucaristía se hace presente (“se re-presenta”) el sacrificio que Cristo hizo en la cruz de una vez para siempre, se perpetúa su recuerdo a través de los siglos y se aplica su fruto.[76] Y que el sacrificio de la cruz y el sacrificio de la eucaristía son un único sacrificio, ya que tanto en uno como en otro, Cristo es el sacerdote que ofrece el sacrificio y la víctima que es ofrecida. Se diferencian solo en la forma en que se ofrece el sacrificio. En la cruz Cristo lo ofreció en forma cruenta, y por sí mismo, y en la Misa en forma incruenta y por ministerio de los sacerdotes.[77] Por esto san Juan Pablo II pudo decir que en la eucaristía “está inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor. No sólo lo evoca sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos”.[78]

Eucaristía como presencia real de Cristo en el mundo

La Iglesia cree que Cristo mismo está presente en la eucaristía. Esta presencia no la entiende como la que se da en una efigie, imagen, símbolo o recordatorio, sino que ella cree que está Él en persona, vivo y entero, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, de una forma “verdadera, real y sustancial”.[79]

Por esto san Juan Crisóstomo pudo decir: «Cuánta gente dice hoy: ‘Querría ver a Cristo en persona, su cara, sus vestidos, sus zapatos’. ¡Pues bien, en la eucaristía es a él al que vés, al que tocas, al que recibes! Deseabas ver sus vestidos; y es él mismo el que se te da no sólo para verle, sino para tocarlo, comerlo, acogerlo en tu corazón».[80]

Y san Juan Pablo II: «La Iglesia ha recibido la eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sean muy valiosos, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación».[81]

La Iglesia entiende que la eucaristía se destaca del resto de los sacramentos ya que mientras ellos tienen la misión de santificar, en la eucaristía se halla el autor mismo de la santidad.[82] Por ello es llamada «Santísimo Sacramento del Altar», «santísimo sacramento», o sencillamente «Santísimo».

Cristo ha prometido la vida eterna a quienes lo reciben en este Sacramento:

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.


EL EPÓNIMO ES : 

El triunfo de la Iglesia: La Iglesia triunfante y la Iglesia militante, de Andrea di Bonaiuto (1365-1367), en la Cappella Spagnuolo, o Guidalotti de Santa Maria Novella, Florencia.

Cristiandad o el mundo cristiano[1][2] son términos que se utilizan comúnmente para referirse a la comunidad cristiana mundial, los Estados cristianos, los países de mayoría cristiana o los países en los que el cristianismo es dominante[3] o prevalece.[1]

Cristiandad (del latín christianitas) es un concepto polisémico, que puede definirse de varias maneras o aludiendo a distintos ámbitos:[4]

Tras la expansión del cristianismo desde el Levante a Europa y África del Norte durante los primeros tiempos del Imperio romano, la cristiandad se dividió en el «Oriente griego» y «Occidente latino» preexistentes. Tras el Cisma de Oriente de 1054, surgieron dos ramas principales dentro del cristianismo, centradas en las ciudades de Roma (Cristianismo occidental, cuya comunidad se denominaba cristiandad occidental o latina[5]) y Constantinopla (cristianismo oriental, cuya comunidad se denominaba cristiandad oriental[6] o comunidad bizantina). Tras la caída de Constantinopla en 1453, la cristiandad latina asumió un papel central en el mundo occidental.[7] Tras la Reforma, el protestantismo surgió como la tercera rama principal del cristianismo en el siglo XVI. La historia del mundo cristiano abarca unos 2000 años e incluye una variedad de acontecimientos sociopolíticos, así como avances en las artes, la arquitectura, la literatura, la ciencia, la filosofía, política y tecnología.[8][9][10]

La disputa del Sacramento, de Rafael Sanzio (1508-1511) en las Estancias Vaticanas. Se enfrenta visual y conceptualmente a La escuela de Atenas, en la pared opuesta.

La división entre los cristianos que comenzó en el cristianismo primitivo, hizo que desde la Edad Media se pudiera hablar, básicamente, de dos cristiandades:[16]

Terminología

El término anglosajón «crīstendōm» parece haber sido acuñado en el siglo IX por un escriba en algún lugar del sur de Inglaterra, posiblemente en la corte del rey Alfonso el Magno de Wessex. El escriba estaba traduciendo el libro de Paulus Orosius Historia contra los paganos (c. 416) y necesitaba un término para expresar el concepto de la cultura universal centrada en Jesucristo.[20] Tenía el sentido que ahora tiene «cristianismo» (como sigue siendo el caso con el término afín neerlandés «christendom»,[21] donde denota principalmente la religión en sí, al igual que el alemán «Christentum»). [22]

El sentido actual de la palabra «tierras donde el cristianismo es la religión dominante»[3] surgió en el inglés medio tardío (hacia c. 1400). [23]

El profesor canadiense de teología Douglas John Hall afirmó (1997) que «cristiandad» [...] significa literalmente el dominio o la soberanía de la religión cristiana.[3] Thomas John Curry, obispo auxiliar católico romano de Los Ángeles, definió (2001) la cristiandad como «el sistema que data del siglo IV por el cual los gobiernos defendían y promovían el cristianismo».[24] Curry afirma que el fin de la cristiandad se produjo porque los gobiernos modernos se negaron a «defender las enseñanzas, las costumbres, los valores y las prácticas del cristianismo».[24] El historiador británico de la Iglesia Diarmaid MacCulloch describió (2010) la cristiandad como «la unión entre el cristianismo y el poder secular».[25]

La cristiandad fue originalmente un concepto medieval que ha evolucionado constantemente desde la caída del Imperio Romano de Occidente y el auge gradual del papado, más en implicaciones religiosas y temporales, prácticamente durante y después del reinado de Carlomagno; y el concepto se dejó llevar en las mentes de los creyentes acérrimos al arquetipo de un espacio religioso sagrado habitado por cristianos, bendecido por Dios, el Padre Celestial, gobernado por Cristo a través de la Iglesia y protegido por el cuerpo espiritual de Cristo; no es de extrañar que este concepto, que incluía toda Europa y luego los territorios cristianos en expansión en la tierra, fortaleciera las raíces del romanticismo de la grandeza del cristianismo en el mundo.[26]

Existe un sentido común y no literal de la palabra que se asemeja mucho a los términos «mundo occidental», «mundo conocido» o «mundo libre». La noción de «Europa» y el «mundo occidental» ha estado íntimamente relacionada con el concepto de «cristianismo y cristiandad»; muchos incluso atribuyen al cristianismo el mérito de ser el vínculo que creó una identidad europea unificada.[27]

Historia

El auge de la cristiandad

Este mapa T y O, que resume el mundo conocido entonces en una cruz inscrita dentro de un orbe, reescribe la geografía al servicio de la iconografía cristiana. Versiones más detalladas sitúan a Jerusalén en el centro del mundo.

El cristianismo primitivo se extendió por el mundo grecorromano y más allá como una secta judía del siglo I,[28] a lo que los historiadores se refieren como cristianismo judío. Se puede dividir en dos fases distintas: la época apostólica, cuando los primeros apóstoles estaban vivos y organizaban la Iglesia, y la época postapostólica, cuando se desarrolló una temprana estructura episcopal, por la cual los obispados eran gobernados por obispos (supervisores).

El período postapostólico se refiere al tiempo transcurrido aproximadamente después de la muerte de los apóstoles, cuando los obispos surgieron como supervisores de las poblaciones cristianas urbanas. El primer uso registrado de los términos «cristianismo» (en griego Χριστιανισμός) y «católico» (griego καθολικός), data de este período, el siglo II, atribuido a Ignacio de Antioquía hacia el año 107.[29] El cristianismo primitivo llegaría a su fin al término de la persecución imperial de los cristianos tras la ascensión de Constantino el Grande y el Edicto de Milán en el año 313 d. C. y el Primer Concilio de Nicea en 325. [30]

Antigüedad tardía y Alta Edad Media

Icono que representa al emperador Constantino y a los obispos del Primer Concilio de Nicea (325 d. C.) sosteniendo el Credo niceno-constantinopolitano de 381
Expansión del cristianismo hasta el año 600 d. C. (en azul oscuro se muestra la expansión del cristianismo primitivo hasta el año 325 d. C.)

«Cristiandad» se ha referido a la noción medieval y renacentista del «mundo cristiano» como una política. En esencia, la visión más temprana de la cristiandad era la de una teocracia cristiana, un gobierno fundado en los valores cristianos y que los defendía, cuyas instituciones se extendían a través y por encima de la doctrina cristiana. En este periodo, los miembros del clero cristiano ejercían la autoridad política. La relación específica entre los «líderes políticos» y el clero variaba, pero, en teoría, las divisiones nacionales y políticas quedaban a veces subsumidas bajo el liderazgo de la Iglesia como institución. Este modelo de relaciones entre la Iglesia y el Estado fue aceptado por diversos líderes eclesiásticos y políticos a lo largo de la Historia de Europa.[31]

La Iglesia se convirtió gradualmente en una institución definitoria del Imperio Romano.[32] El emperador Constantino el Grande promulgó el Edicto de Milán en 313, en el que proclamaba la tolerancia hacia la religión cristiana, y convocó el Primer Concilio de Nicea en 325, cuyo Credo de Nicea incluía la creencia en «una Iglesia santa, católica y apostólica». El emperador Teodosio I convirtió el cristianismo niceno en la iglesia estatal del Imperio romano con el Edicto de Tesalónica de 380.[33] En términos de prosperidad y vida cultural, el Imperio bizantino fue uno de los momentos álgidos de la historia cristiana y la civilización cristiana,[34] y Constantinopla siguió siendo la ciudad líder del mundo cristiano en tamaño, riqueza y cultura.[35] Hubo un renovado interés por la filosofía griega clásica, así como un aumento de la producción literaria en griego vernáculo.[36]

Bizancio creó una cultura brillante, quizá la más brillante de toda la Edad Media y, sin duda, la única que existió en la Europa cristiana antes del siglo XI. Durante muchos años, Constantinopla siguió siendo la única gran ciudad de la Europa cristiana, sin igual en esplendor. La literatura y el arte bizantinos ejercieron una influencia significativa en los pueblos de su entorno. Los monumentos y las majestuosas obras de arte que nos han quedado nos muestran todo el esplendor de la cultura bizantina. Por eso Bizancio ocupó un lugar significativo en la historia de la Edad Media y, hay que reconocerlo, merecido.[37]

A medida que el Imperio romano de Occidente desintegró en reinos feudales y principados, el concepto de cristiandad cambió a medida que la Iglesia occidental se convirtió en uno de los cinco patriarcados de la Pentarquía y se desarrollaron los cristianos del Imperio romano de Oriente. El Imperio bizantino fue el último bastión de la cristiandad.[38] La cristiandad daría un giro con el auge de los francos, una tribu germánica que se convirtió al cristianismo y entró en comunión con Roma.

El día de Navidad del año 800 d. C., el papa León III coronó a Carlomagno, lo que dio lugar a la creación de otro rey cristiano junto al emperador cristiano en el estado bizantino.[39] El Imperio carolingio creó una definición de «cristiandad» en contraposición al Imperio bizantino, la de una cultura distribuida frente a una centralizada, respectivamente.[40] Carlomagno inició el primer Renacimiento medieval, el Renacimiento carolingio, un periodo de renacimiento intelectual y cultural, en el siglo VIII. Continuó a través de sus descendientes hasta el siglo IX.[41]

La herencia clásica floreció a lo largo de la Edad Media tanto en el Oriente griego bizantino como en el Occidente latino. En el estado ideal del filósofo griego Platón hay tres clases principales, que representaban la idea del «alma tripartita», que expresa las tres funciones o capacidades del alma humana: «la razón», «el elemento espiritual» y «los apetitos» (o «pasiones»). Will Durant argumentó de forma convincente que ciertas características destacadas de la comunidad ideal de Platón eran discernibles en la organización, el dogma y la eficacia de «la» Iglesia medieval en Europa:[42]

... Durante mil años, Europa estuvo gobernada por una orden de guardianes muy similar a la que imaginó nuestro filósofo. Durante la Edad Media, era habitual clasificar a la población de la cristiandad en «laboratores» (trabajadores), «bellatores» (soldados) y «oratores» (clérigos). El último grupo, aunque reducido en número, monopolizaba los instrumentos y las oportunidades de la cultura, y gobernaba con un dominio casi ilimitado la mitad del continente más poderoso del mundo. El clero, al igual que los guardianes de Platón, fue investido de autoridad... por su talento, demostrado en los estudios eclesiásticos y la administración, por su disposición a una vida de meditación y sencillez, y... por la influencia de sus parientes con poder en el Estado y la Iglesia. En la segunda mitad del período en el que gobernaron [a partir del año 800 d. C.], el clero estaba tan libre de preocupaciones familiares como incluso Platón podría desear [para tales guardianes]... El celibato [eclesiástico] formaba parte de la estructura psicológica del poder del clero; por un lado, no se veían obstaculizados por el egoísmo limitador de la familia y, por otro, su aparente superioridad frente a los deseos carnales aumentaba el respeto que les profesaban los pecadores laicos...[42]

Edad Media tardía y Renacimiento

Tras la caída del Imperio de Carlomagno, los restos meridionales del Sacro Imperio Romano Germánico se convirtieron en un conjunto de estados vagamente vinculados a la Santa Sede de Roma. Las tensiones entre el papa Inocencio III y los gobernantes seculares eran muy fuertes, ya que el pontífice ejercía control sobre sus homólogos temporales en Occidente y viceversa. El pontificado de Inocencio III se considera el apogeo del poder temporal del papado. El Corpus Christianum describía la noción entonces vigente de la comunidad de todos los cristianos unidos bajo la Iglesia católica. La comunidad debía guiarse por los valores cristianos en su política, economía y vida social. [43] Su base jurídica eristiandad|ra el corpus iuris canonica (cuerpo del derecho canónico).[44][45][46][47]

En Oriente, la cristiandad se definió más a medida que el Imperio bizantino perdía gradualmente territorio frente a la expansión del islam y la Conquista musulmana de Persia. Esto hizo que el cristianismo cobrara importancia para la identidad bizantina. Antes del Cisma de Oriente y Occidente, que dividió a la Iglesia desde el punto de vista religioso, existía la noción de una «cristiandad universal» que incluía tanto a Oriente como a Occidente. Tras el Cisma de Oriente y Occidente, las esperanzas de recuperar la unidad religiosa con Occidente se vieron truncadas por la Cuarta Cruzada, cuando los cruzados conquistaron la capital bizantina de Constantinopla y aceleraron el declive del Imperio bizantino en el camino hacia su destrucción.[48][49][50] Con la desintegración del Imperio bizantino en naciones individuales con iglesias ortodoxas nacionalistas, el término cristiandad describía a Europa occidental, el catolicismo, los bizantinos ortodoxos y otros ritos orientales de la Iglesia.[51][52]

El apogeo de la autoridad de la Iglesia católica sobre todos los cristianos europeos y sus esfuerzos comunes como comunidad cristiana —por ejemplo, las Cruzadas, la lucha contra los moros en la península ibérica y contra los otomanos en los Balcanes, contribuyó a desarrollar un sentido de identidad comunitaria frente al obstáculo de las profundas divisiones políticas de Europa. Los papas, formalmente solo obispos de Roma, afirmaban ser el centro de toda la cristiandad, lo que fue ampliamente reconocido en la cristiandad occidental desde el siglo XI hasta la Reforma, pero no en la cristiandad oriental. [53] Además, esta autoridad también se abusó en ocasiones y fomentó la Inquisición y los pogromos antijudíos, con el fin de erradicar los elementos divergentes y crear una comunidad religiosamente uniforme.[54] Finalmente, la Inquisición fue abolida por orden del papa Inocencio III.[55]

La cristiandad acabó sumida en una crisis específica a finales de la Edad Media, cuando los reyes de Francia lograron establecer una iglesia nacional francesa durante el siglo XIV y el papado se alineó cada vez más con el Sacro Imperio Romano Germánico. Conocido como el Cisma de Occidente, la cristiandad occidental se dividió entre tres hombres, impulsados por motivos políticos más que por cualquier desacuerdo teológico real, que reclamaban simultáneamente ser el verdadero papa. El papado de Aviñón se ganó una reputación de corrupción que alejó a gran parte de la cristiandad occidental. El cisma de Aviñón terminó con el Concilio de Constanza.[56]

Antes de la época moderna, la cristiandad se encontraba en una crisis generalizada en la época de los papas del Renacimiento debido a la laxitud moral de estos pontífices y su disposición a buscar y depender del poder temporal como lo hacían los gobernantes seculares. Muchos miembros de la jerarquía de la Iglesia católica en el Renacimiento se vieron cada vez más envueltos en una insaciable codicia por las riquezas materiales y el poder temporal, lo que dio lugar a numerosos movimientos reformistas, algunos de los cuales solo pretendían una reforma moral del clero de la Iglesia, mientras que otros repudiaron a la Iglesia y se separaron de ella para formar nuevas sectas. El Renacimiento italiano produjo ideas o instituciones mediante las cuales los hombres que vivían en sociedad podían mantenerse unidos en armonía. A principios del siglo XVI, Baldassare Castiglione (El libro del cortesano) expuso su visión del caballero y la dama ideales, mientras que Maquiavelo echó una mirada crítica a «la verità effettiva delle cose» —la verdad real de las cosas— en El príncipe, compuesto, al estilo humanista, principalmente de ejemplos paralelos antiguos y modernos de Virtù. Algunos movimientos protestantes surgieron siguiendo las líneas del misticismo o el humanismo renacentista (cf. Erasmo). La Iglesia católica cayó en parte en un abandono general bajo los papas renacentistas, cuya incapacidad para gobernar la Iglesia mostrando un ejemplo personal de altos estándares morales sentó las bases para lo que finalmente se convertiría en la Reforma protestante.[57] Durante el Renacimiento, el papado estaba dirigido principalmente por familias adineradas y también tenía fuertes intereses seculares. Para salvaguardar Roma y los Estados Pontificios conectados, los papas se vieron obligados a involucrarse en asuntos temporales, incluso liderando ejércitos, como hizo el gran mecenas de las artes el papa Julio II. Durante estos tiempos intermedios, los papas se esforzaron por convertir Roma en la capital de la cristiandad, proyectándola a través del arte, la arquitectura y la literatura como el centro de una Edad de Oro de unidad, orden y paz.[58]

El profesor Frederick J. McGinness describió Roma como esencial para comprender el legado de la Iglesia y sus representantes, resumido a la perfección por La Ciudad Eterna:

Ninguna otra ciudad de Europa puede compararse con Roma en cuanto a tradiciones, historia, legado e influencia en el mundo occidental. La Roma del Renacimiento bajo el papado no solo actuó como guardiana y transmisora de estos elementos procedentes del Imperio Romano, sino que también asumió el papel de artífice e intérprete de sus mitos y significados para los pueblos de Europa desde la Edad Media hasta la época moderna... Bajo el patrocinio de los papas, cuya riqueza e ingresos solo eran superados por sus ambiciones, la ciudad se convirtió en un centro cultural para maestros arquitectos, escultores, músicos, pintores y artesanos de todo tipo. ... En su mito y mensaje, Roma se había convertido en la ciudad sagrada de los papas, el símbolo principal de un catolicismo triunfante, el centro del cristianismo ortodoxo, una nueva Jerusalén.[59]

Es evidente que muchos escritores han tratado a los papas del Renacimiento italiano con un tono excesivamente severo. El papa Julio II, por ejemplo, no solo fue un líder secular eficaz en asuntos militares y un político astutamente eficaz, sino también uno de los mayores mecenas del Renacimiento y una persona que fomentó la crítica abierta de humanistas destacados.[60]

El florecimiento del humanismo renacentista fue posible en gran medida gracias a la universalidad de las instituciones de la Iglesia católica y a personalidades como Pío II, Nicolás Copérnico, Leon Battista Alberti, Desiderius Erasmus, sir Tomás Moro, Bartolomé de Las Casas, Leonardo da Vinci y Teresa de Ávila. George Santayana en su obra La vida de la razón postuló los principios del orden global que la Iglesia había traído y como depositaria del legado de la antigüedad clásica:[61]

La iniciativa de individuos o de pequeños grupos aristocráticos ha sembrado entretanto el mundo que llamamos civilizado con algunas semillas y núcleos de orden. Hay dispersas una variedad de iglesias, industrias, academias y gobiernos. Pero el orden universal que una vez se soñó y que nominalmente casi se estableció, el imperio de la paz universal, el arte racional que todo lo impregna y el culto filosófico, ya no se menciona. Una concepción no formulada, la ética prerracional del privilegio privado y la unidad nacional, llena el trasfondo de la mente de los hombres. Representa las tradiciones feudales más que la tendencia realmente implícita en la industria, la ciencia o la filantropía contemporáneas. Esas edades oscuras, de las que deriva nuestra práctica política, tenían una teoría política que haríamos bien en estudiar, ya que su teoría sobre un imperio universal y una iglesia católica era, a su vez, el eco de una antigua era de la razón, cuando unos pocos hombres conscientes de gobernar el mundo intentaron por un momento examinarlo en su conjunto y gobernarlo con justicia.[61]

Reforma y Edad Moderna

Los avances en la filosofía occidental y los acontecimientos europeos trajeron consigo cambios en la noción del “'Corpus Christianum”'. La guerra de los Cien Años aceleró el proceso de transformación de Francia de una monarquía feudal a un Estado centralizado. El auge de monarquías fuertes y centralizadas[62] denotaba la transición europea del feudalismo al capitalismo. Al final de la guerra de los Cien Años, tanto Francia como Inglaterra pudieron recaudar suficiente dinero a través de los impuestos para crear ejércitos permanentes independientes. En la guerra de las Dos Rosas, Enrique Tudor tomó la corona de Inglaterra. Su heredero, el rey absoluto Enrique VIII, estableció la Iglesia inglesa.[63]

En la historia moderna, la Reforma y el auge de la modernidad a principios del siglo XVI supusieron un cambio en el Corpus Christianum. En el Sacro Imperio Romano Germánico, la Paz de Augsburgo de 1555 puso fin oficialmente a la idea entre los líderes seculares de que todos los cristianos debían estar unidos bajo una sola iglesia.[64] El principio de «cuius regio, eius religio» («de quien es la región, su religión») estableció las divisiones religiosas, políticas y geográficas del cristianismo, y esto se consolidó con el Tratado de Westfalia en 1648, que puso fin legalmente al concepto de una única hegemonía cristiana en los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico, a pesar de la doctrina de la Iglesia católica de que solo ella es la verdadera Iglesia fundada por Cristo.[65] Posteriormente, cada gobierno determinó la religión de su propio estado. A los cristianos que vivían en estados donde su confesión no era la establecida se les garantizaba el derecho a practicar su fe en público durante las horas asignadas y en privado a su voluntad.[65] En ocasiones se produjeron expulsiones masivas de confesiones disidentes, como ocurrió con los protestantes de Salzburgo. Algunas personas se hacían pasar por fieles de la iglesia oficial, pero en realidad vivían como nicodemitas o cripto-protestantes.[66]

Se suele considerar que las guerras de religión en Europa terminaron con el Tratado de Westfalia (1648), [67] o, posiblemente, incluyendo la guerra de los Nueve Años y la guerra de sucesión española en este periodo, con el Tratado de Utrecht de 1713.[68] En el siglo XVIII, el foco de atención se aleja de los conflictos religiosos, ya sea entre facciones cristianas o contra la amenaza externa de las facciones islámicas.

Cultura clásica

Catedral de San Esteban (Viena)

La cultura occidental, a lo largo de la mayor parte de su historia, ha sido casi equivalente a la cultura cristiana, y gran parte de la población del hemisferio occidental podría describirse en términos generales como cristianos culturales. La noción de «Europa» y el «mundo occidental» ha estado íntimamente relacionada con el concepto de «cristianismo y cristiandad»; muchos incluso atribuyen al cristianismo el mérito de ser el vínculo que creó una identidad europea unificada.[27] El historiador Paul Legutko, de la Universidad de Stanford, afirmó que la Iglesia católica se encuentra «en el centro del desarrollo de los valores, las ideas, la ciencia, las leyes y las instituciones que constituyen lo que llamamos civilización occidental».[10]

Aunque la cultura occidental contenía varias religiones politeístas durante sus primeros años bajo la Griega y el Imperio Romano, a medida que el poder centralizado romano decayó, el dominio de la Iglesia católica fue la única fuerza consistente en Europa occidental.[69] Hasta la Era de la Ilustración,[70] La cultura cristiana guio el curso de la filosofía, la literatura, el arte, la música y la ciencia.[69][8] Las disciplinas cristianas de las respectivas artes se desarrollaron posteriormente en filosofía cristiana, arte cristiano, música cristiana, literatura cristiana, etc. El arte y la literatura, el derecho, la educación y la política se conservaron en las enseñanzas de la Iglesia, en un entorno que, de otro modo, probablemente habría visto su desaparición. La Iglesia fundó muchas catedrales, universidades, monasterios y seminarios, algunos de los cuales siguen existiendo hoy en día. El cristianismo medieval creó las primeras universidades modernas.[71][72] La Iglesia católica estableció un sistema hospitalario en la Europa medieval que mejoró enormemente la «valetudinaria» romana.[73] Estos hospitales se crearon para atender a «grupos sociales concretos marginados por la pobreza, la enfermedad y la edad», según el historiador de hospitales Guenter Risse.[74] El cristianismo también tuvo un fuerte impacto en todos los demás aspectos de la vida: el matrimonio y la familia, la educación, las humanidades y las ciencias, el orden político y social, la economía y las artes.[75]

El cristianismo tuvo un impacto significativo en la educación, la ciencia y la medicina, ya que la Iglesia sentó las bases del sistema educativo occidental,[76] y fue la patrocinadora de la fundación de universidades en el mundo occidental, ya que la universidad se considera generalmente una institución que tiene su origen en el contexto cristiano medieval.[77][78] A lo largo de la historia, muchos clérigos han realizado importantes contribuciones a la ciencia y, en particular, los jesuitas han realizado numerosas contribuciones significativas al desarrollo de la ciencia.[79][80][81] La influencia cultural del cristianismo incluye el bienestar social,[82] la fundación de hospitales,[83] economía (como la ética protestante del trabajo),[84][85] derecho natural (que más tarde influiría en la creación del derecho internacional),[86] política,[87] arquitectura,[88] literatura,[89] higiene personal,[90][91] y la vida familiar.[92] El cristianismo desempeñó un papel importante en el fin de prácticas comunes entre las sociedades paganas , como el sacrificio humano, la esclavitud,[93] el infanticidio y la poligamia.[94]

Arte y literatura

Escritos y poesía

La literatura cristiana es aquella que trata temas cristianos e incorpora la cosmovisión cristiana. Constituye un corpus enorme de escritos extremadamente variados. La poesía cristiana es cualquier poesía que contenga enseñanzas, temas o referencias cristianas. La influencia del cristianismo en la poesía ha sido grande en cualquier área en la que el cristianismo se ha afianzado. Los poemas cristianos a menudo hacen referencia directa a la Biblia, mientras que otros proporcionan alegoría.[95]

Artes complementarias

El arte cristiano es el arte producido con el fin de ilustrar, complementar y representar de forma tangible los principios del cristianismo. Prácticamente todos los grupos cristianos utilizan o han utilizado el arte en mayor o menor medida. La importancia del arte y los medios de comunicación, el estilo y las representaciones cambian; sin embargo, el tema unificador es, en última instancia, la representación de la vida y la época de Jesús y, en algunos casos, del Antiguo Testamento. Las representaciones de santos también son comunes, especialmente en el anglicanismo, el catolicismo romano y la ortodoxia oriental.[96]

Iluminación

Imagen de Cristo en majestad contenida en un manuscrito iluminado

Un manuscrito iluminado es un manuscrito en el que el texto se complementa con la adición de decoraciones. Los primeros manuscritos iluminados sustantivos que se conservan datan del periodo comprendido entre los años 400 y 600 d. C., y se produjeron principalmente en Irlanda, Constantinopla e Italia. La mayoría de los manuscritos conservados proceden de la Edad Media, aunque también se conservan muchos manuscritos iluminados del Renacimiento del siglo XV, junto con un número muy limitado de la Antigüedad tardía. [97]

La mayoría de los manuscritos iluminados se crearon como códices, que habían sustituido a los rollos; se conservan algunas hojas sueltas aisladas. Se conservan muy pocos fragmentos de manuscritos iluminados en papiro. La mayoría de los manuscritos medievales, iluminados o no, se escribían en pergamino (normalmente de piel de ternero, oveja o cabra), pero la mayoría de los manuscritos lo suficientemente importantes como para ser iluminados se escribían en pergamino de la mejor calidad, llamado vellum, tradicionalmente elaborado con piel de ternero sin dividir, aunque el pergamino de alta calidad de otras pieles también se denominaba «pergamino». [98]

Iconografía

Hay pocos iconos antiguos de cerámica, como este icono de San Teodoro que data de c. 900 (de Preslav, Bulgaria).

El arte cristiano comenzó, unos dos siglos después de Cristo, tomando prestados motivos de la Roma imperial, la religión griega clásica y romana y el arte popular. Las imágenes religiosas se utilizan en cierta medida por la fe cristiana abrahámica y a menudo contienen una iconografía muy compleja, que refleja siglos de tradición acumulada.[99] En el periodo Antigüedad tardía la iconografía comenzó a estandarizarse y a relacionarse más estrechamente con los textos Bíblicos, aunque muchas lagunas en las narraciones canónicas del Evangelio se llenaron con material de los evangelios apócrifos. Con el tiempo, la Iglesia logró eliminar la mayoría de ellos, pero algunos permanecen, como el buey y el asno en la Natividad de Jesús.

Un icono es una obra de arte religiosa, normalmente una pintura, procedente del cristianismo oriental. El cristianismo ha utilizado el simbolismo desde sus inicios.[96] Tanto en Oriente como en Occidente se desarrollaron numerosos tipos icónicos de Cristo, María y los santos, entre otros temas; el número de tipos de iconos de María, con o sin el Niño Jesús, era especialmente grande en Oriente, mientras que Cristo Pantocrátor era la imagen más común de Cristo.

El simbologismo cristiano inviste a los objetos o acciones con un significado interno que expresa ideas cristianas. El cristianismo ha tomado prestados símbolos significativos conocidos en la mayoría de los periodos y en todas las regiones del mundo.[100] El simbologismo religioso es eficaz cuando apela tanto al intelecto como a las emociones. Entre las representaciones especialmente importantes de María se encuentran los tipos Hodegetria y Panagia. Los modelos tradicionales evolucionaron hacia pinturas narrativas, incluyendo grandes ciclos que cubrían los acontecimientos de la vida de Cristo, la vida de la Virgen, partes del Antiguo Testamento y, cada vez más, las vidas de santos populares. Especialmente en Occidente, se desarrolló un sistema de atributos para identificar individualmente a las figuras de los santos mediante una apariencia estándar y objetos simbólicos que sostenían; en Oriente, era más probable que se identificaran mediante etiquetas de texto.[96]

Cada santo tiene una historia y una razón por la que llevó una vida ejemplar. A lo largo de la historia de la Iglesia se han utilizado símbolos para contar estas historias. Varios santos cristianos se representan tradicionalmente con un símbolo o motivo icónico asociado a su vida, denominado atributo o emblema, con el fin de identificarlos. El estudio de estas formas forma parte de la iconografía en la historia del arte.[101]

Arquitectura

Estructura de una catedral gótica típica

La arquitectura cristiana abarca una amplia gama de estilos tanto seculares como religiosos desde los inicios del cristianismo hasta la actualidad, influyendo en el diseño y la construcción de edificios y estructuras en la cultura cristiana.[102]

Al principio, los edificios se adaptaban a partir de otros destinados originalmente a otros fines, pero con el auge de la arquitectura eclesiástica distintiva, los edificios religiosos pasaron a influir en los seculares, que a menudo imitaban la arquitectura religiosa. En el siglo XX, el uso de nuevos materiales, como el hormigón, así como de estilos más sencillos, ha tenido su efecto en el diseño de las iglesias y podría decirse que el flujo de influencia se ha invertido.[103] Desde el nacimiento del cristianismo hasta la actualidad, el período de transformación más significativo para la arquitectura cristiana en Occidente fue la catedral gótica. En Oriente, la arquitectura bizantina fue una continuación de la arquitectura romana.[104]

Filosofía

Filosofía cristiana es un término que describe la fusión de varios campos de la filosofía con las doctrinas teológicas del cristianismo.[105] Escolasticismo, que significa «lo que pertenece a la escuela», era un método de aprendizaje impartido por los académicos (o «gente de la escuela») de las es medievales entre los años 1100 y 1500 aproximadamente.[106] La escolástica comenzó originalmente para conciliar la filosofía de los antiguos filósofos clásicos con la teología cristiana medieval. El escolasticismo no es una filosofía o teología en sí misma, sino una herramienta y un método de aprendizaje que pone énfasis en el razonamiento dialéctico.[106]

Civilización cristiana

La ciencia, y en particular la geometría y la astronomía, estaba directamente relacionada con lo divino para la mayoría de los eruditos medievales. Dado que estos cristianos creían que Dios había impregnado el universo con principios geométricos y armónicos regulares, buscar estos principios era, por lo tanto, buscar y adorar a Dios.

El redescubrimiento occidental de las obras completas de Aristóteles condujo al Renacimiento del siglo XII. También creó un conflicto entre la fe y la razón, que se resolvió con una revolución en el pensamiento llamada escolasticismo.[107][108] Los escritos escolásticos de Tomás de Aquino tuvieron un gran impacto en la teología católica e influyeron en la filosofía y el derecho seculares hasta la época moderna.[109][110][111]

Las ideas de Aristóteles desencadenaron un periodo de efervescencia cultural que, según Matthews y Platt, «un historiador moderno ha denominado el renacimiento del siglo XII».[112] Los historiadores de la ciencia David C. Lindberg, Ronald Numbers y Edward Grant han descrito lo que siguió como un «renacimiento científico medieval».[113] Por lo tanto, historiadores de la ciencia como Noah Efron atribuyen a múltiples científicos cristianos medievales el mérito de haber proporcionado los primeros «principios, métodos e instituciones de lo que con el tiempo se convirtió en la ciencia moderna». [114][115][116][117]

El arte bizantino ejerció una poderosa influencia en el arte occidental en los siglos XII y XIII.[118] La arquitectura gótica, destinada a inspirar la contemplación de lo divino, comenzó en los mismos siglos.[119][120]

El Renacimiento incluyó el resurgimiento del estudio científico de los fenómenos naturales. Robert Grosseteste (1175-1253) ideó un método científico paso a paso; William de Ockham (1300-1349) desarrolló un principio de economía; Roger Bacon (1220-1292) defendió un método experimental en su estudio de la óptica.[121] Los historiadores de la ciencia atribuyen a estos y otros cristianos medievales los inicios de lo que, con el tiempo, se convirtió en la ciencia moderna y condujo a la revolución científica en Occidente. [114][115][116][117]

Condiciones medievales

Panorama interior de la Santa Sofía, la basílica patriarcal de Constantinopla diseñada en el año 537 d. C. por Isidoro de Mileto, el primer recopilador de las diversas obras de Arquímedes. La influencia de los principios de geometría sólida de Arquímedes es evidente.

El Imperio bizantino, que fue la cultura más sofisticada de la antigüedad, sufrió las conquistas musulmanas, que limitaron su destreza científica durante la Edad Media. La Europa occidental cristiana había sufrido una pérdida catastrófica de conocimientos tras la caída del Imperio romano de Occidente. Pero gracias a los eruditos de la Iglesia, como Aquino y Buridan, Occidente conservó al menos el espíritu de la investigación científica, lo que más tarde llevaría a Europa a tomar la delantera en ciencia durante la Revolución científica utilizando traducciones de obras medievales.

El Imperio bizantino fue uno de los momentos álgidos de la historia cristiana y la civilización cristiana, y Constantinopla siguió siendo la ciudad líder del mundo cristiano en tamaño, riqueza y cultura. Hubo un renovado interés por la filosofía griega clásica, así como un aumento de la producción literaria en griego vernáculo.[122] La ciencia bizantina desempeñó un papel importante en la transmisión del conocimiento clásico al mundo islámico y a la Italia renacentista, así como en la transmisión de la ciencia islámica a la Italia renacentista.[123][124] Muchos de los eruditos clásicos más distinguidos ocuparon altos cargos en la Iglesia ortodoxa oriental.[125]

Números escritos con cifras cistercienses.

A partir de la Abadía de Cluny (910), que utilizaba la arquitectura románica para transmitir una sensación de asombro y admiración e inspirar obediencia, los monasterios ganaron influencia gracias a las Reformas cluniacenses. [126][127] Sin embargo, su dominio cultural y religioso comenzó a declinar a mediados del siglo XI, cuando el clero secular, que no era miembro de órdenes religiosas, ganó influencia.[128] Las escuelas monásticas perdieron influencia a medida que se extendían las escuelas catedralicias,[129] surgían escuelas independientes[130] y se formaban universidades como corporaciones autónomas autorizadas por papas y reyes. [131][132] El derecho canónico y el derecho civil se profesionalizaron y se formó una nueva élite letrada, lo que desplazó aún más a los monjes.[133][134] A lo largo de este periodo, el clero y los laicos se volvieron «más cultos, más mundanos y más asertivos».[135]

Bajo el pontificado de Gregorio VII (1073-1085), la Iglesia romana se convirtió en lo que John Witte Jr. denomina «una corporación jurídica y política autónoma» que funcionaba como un «Estado» con un fuerte sentido de sus propios intereses socioeconómicos y políticos.[136] Tras la era de Inocencio III (1198-1216), el papado se erigió como la máxima autoridad en Occidente durante casi dos siglos.[137] La Iglesia de esta época continuó fundando hospitales, asilos y escuelas.[138] Entre los siglos XI y XIII, la Iglesia construyó enormes catedrales de impresionante belleza en la Europa católica.[139]

El movimiento cisterciense fue una ola de reforma monástica que se produjo después de 1098. Los cistercienses desempeñaron un papel fundamental en la promoción del avance tecnológico y se encontraban entre los mejores industriales de la Edad Media. [140][141][142][143] De los 740 monasterios cistercienses del siglo XII, casi todos poseían una rueda hidráulica que se utilizaba para desarrollar técnicas innovadoras de ingeniería hidráulica, sistemas de circulación de agua para calefacción central, producir aceite de oliva o forjar metal y producir hierro. Enseñaban y practicaban técnicas agrícolas avanzadas, como la rotación de cultivos, y eran expertos metalúrgicos.[144]

Universidades

ejemplo de arquitectura gótica en Inglaterra
Arquitectura gótica de la Capilla de Nuestra Señora de la Catedral de Wells en Somerset, Inglaterra.

Las primeras universidades de Europa se desarrollaron a partir de escuelas que habían sido mantenidas por la Iglesia con el fin de educar a los sacerdotes.[145][146][147][148][149] Estas universidades evolucionaron a partir de escuela catedralicias y escuela monásticas cristianas mucho más antiguas,[150][151] y es difícil definir la fecha exacta en que se convirtieron en verdaderas universidades, aunque las listas de studia generalia para la educación superior en Europa que conserva la Vaticano son una guía útil.

A partir del siglo XII, las universidades medievales occidentales, primeras instituciones de educación superior desde el siglo VI, se constituyeron en corporaciones autónomas autorizadas por papas y reyes.[131][152][153] Bolonia, Oxford y París fueron algunas de las primeras (c. 1150). Divididas en facultades especializadas en derecho, medicina, teología o artes liberales, cada una de ellas celebraba debates teológicos quodlibeta (abiertos a todos) entre profesores y estudiantes y otorgaba títulos.[154][155] Con ello, tanto el derecho canónico como el civil comenzaron a profesionalizarse.[133]

Innovaciones del Renacimiento

Durante el Renacimiento, se produjeron grandes avances en geografía, astronomía, química, física, matemáticas, fabricación e ingeniería. El redescubrimiento de antiguos textos científicos se aceleró tras la caída de Constantinopla y la invención de la imprenta, que democratizaría el aprendizaje y permitiría una propagación más rápida de las nuevas ideas. La «tecnología renacentista» es el conjunto de artefactos y costumbres que abarca una distancia aproximada desde el siglo XIV hasta el XVI. La época se caracteriza por profundos avances técnicos como la imprenta, la perspectiva lineal, la ley de patentes, las cúpulas de doble caparazón o las fortalezas bastionadas. Los libros de dibujos de los artistas-ingenieros renacentistas, como Taccola y Leonardo da Vinci, ofrecen una visión profunda de la tecnología mecánica conocida y aplicada en aquella época. La imprenta de Gutenberg hizo posible la difusión del conocimiento a una población más amplia, lo que no solo conduciría a una sociedad más igualitaria, sino también a una más capaz de dominar otras culturas, gracias a una vasta reserva de conocimientos y experiencia.

imagen de estudiantes utilizando la geometría para estudiar astronomía.
Estudiando astronomía y geometría. Pintura de principios del siglo XV, Francia.

La ciencia del Renacimiento dio lugar a la Revolución Científica; la ciencia y la tecnología iniciaron un ciclo de avance mutuo. El «Renacimiento científico» fue la fase inicial de la Revolución Científica. En el modelo de dos fases de la ciencia moderna temprana: un «Renacimiento científico» de los siglos XV y XVI, centrado en la restauración del conocimiento natural de los antiguos; y una «Revolución Científica» del siglo XVII, cuando los científicos pasaron de la recuperación a la innovación. Algunos estudiosos e historiadores atribuyen al cristianismo el haber contribuido al auge de la Revolución científica.[156][157][158][159]

El profesor Noah J Efron afirma que

...generaciones de historiadores y sociólogos han descubierto muchas formas en las que los cristianos, las creencias cristianas y las instituciones cristianas desempeñaron un papel crucial en la configuración de los principios, métodos e instituciones de lo que con el tiempo se convirtió en la ciencia moderna. Descubrieron que algunas formas de cristianismo proporcionaron la motivación para estudiar la naturaleza de forma sistemática...»[160]

Prácticamente todos los estudiosos e historiadores modernos coinciden en que el cristianismo impulsó a muchos intelectuales de la Edad Moderna a estudiar la naturaleza de forma sistemática.[114]

Demografía

Distribución geográfica

Prevalencia geográfica relativa del cristianismo frente al islam y frente a la ausencia de ambas religiones (2006)

En 2009, según la Enciclopedia Británica, el cristianismo era la religión mayoritaria en Europa (incluida Rusia) con un 80 %, en América Latina con un 92 %, en América del Norte con un 81 % y en Oceanía con un 79 %.[161] También hay grandes comunidades cristianas en otras partes del mundo, como China, India y Asia Central, donde el cristianismo es la segunda religión más importante después del Islam. Estados Unidos alberga la mayor población cristiana del mundo, seguido de Brasil y México.[162]

Muchos cristianos no solo viven bajo una religión estatal, sino que también tienen un estatus oficial en las siguientes naciones: Argentina (Iglesia católica),[163] Armenia (Iglesia Apostólica Armenia),[164] Costa Rica (Iglesia católica romana),[165] Dinamarca (Iglesia de Dinamarca),[166] El Salvador (Iglesia católica romana),[167] Inglaterra (Iglesia de Inglaterra),[168] Georgia (Iglesia ortodoxa georgiana), Grecia (Iglesia ortodoxa de Grecia), Islandia (Iglesia nacional de Islandia),[169] Liechtenstein (Iglesia católica romana),[170] Malta (Iglesia católica romana),[171] Mónaco (Iglesia católica romana),[172] Rumanía (Iglesia ortodoxa rumana), Noruega (Iglesia de Noruega),[173] Ciudad del Vaticano (Iglesia católica romana),[174] Suiza (Iglesia católica romana, Iglesia reformada suiza e Iglesia católica cristiana de Suiza).

Número de fieles

El número estimado de cristianos en el mundo oscila entre 2200 millones[175][176][177][178] a 2400 millones de personas. [179] Esta fe representa aproximadamente un tercio de la población mundial y es la religión más grande del mundo, siendo los tres grupos cristianos más grandes la Iglesia católica, el Protestantismo y la Iglesia ortodoxa oriental. [180] La denominación cristiana más grande es la Iglesia católica, con unos 1200 millones de fieles. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario