lunes, 31 de agosto de 2026

TOPONIMIA DE ESPAÑA

 

Arriaca
Mansio

Mapa de los territorios tribales prerromanos de Castilla-La Mancha y Madrid.
EntidadMansio
 PaísImperio romano
 ProvinciaCarthaginense
Correspondencia actualGuadalajara Bandera de España España

Arriaca fue un supuesto asentamiento carpetano de la península ibérica dentro de la Hispania Cartaginense. En el siglo III aparece relacionada en el Itinerario Antonino A-24 y en el Itinerario Antonino A-25 encabezado con el título de Alio itinere ab Emerita Cesaragustam 369 que significa Otro camino de Mérida a Zaragoza, 369 millas, entre las plazas de Complutum y Caesada.

En la Hispania romana estuvo comprendida dentro de la provincia Carthaginense. Se suele situar como origen de la actual Guadalajara (España); sin embargo, no hay constancia arqueológica de Arriaca ni de ningún otro asentamiento fijo cerca de la ciudad, por lo que poco se puede aportar sobre el origen de Guadalajara en Arriaca.[1]

Toponimia

Clara palabra de origen ibero, con el mismo significado que el ibero actualmente hablado o vascón "arriaga", pedregal.

Se ha tratado de traducir este topónimo en consonancia con la traducción de wād al-ḥaŷara y a través bien de la similitud del ibero con el euskera, bien por su posible origen vascón.[2] Atendiendo a ello, Arriaca se ha traducido como "río de piedras" o "camino de piedras", visto que harri significa "piedra" en euskera y harrikada, "pedrada".








Onuba era el nombre de un asentamiento fenicio y tartesio datado desde al menos el siglo X a. C. que corresponde a la actual ciudad de Huelva (España). A partir de este término se desarrollaron los siguientes nombres que tomó la zona para los colonizadores romanos (Onvba Aestvaria), árabes (Awnaba y Walba) o cristianos (Huelva). La Real Academia Española lo escribe como Ónuba.

Historia

La existencia del asentamiento se ha conocido desde antiguo, siendo nombrada como ciudad en la Ora Marítima,[1] de Rufo Festo Avieno en el siglo IV o por Estrabón. Pero fue en los años 1960 cuando comienzan las excavaciones intensivas en la necrópolis tartésica del yacimiento arqueológico de La Joya.[2] Las investigaciones demostraron la milenaria ocupación de la zona y el uso de los pobladores de los conocidos como "cabezos", como en 1978 cuando se excavó en el Cabezo de San Pedro y se encontró un muro de sillares y mampuestos de técnica oriental (fechado en el siglo VIII a. C.) pero en una zona (la zona alta de la actual ciudad) claramente "indígena". Estas primeras estructuras más que defensivas se interpretan como soluciones "prestadas de orientales" para proteger los pequeños asentamientos locales de los frecuentes desprendimientos de tierra de los cabezos. Lo cierto es que los pobladores autócnonos, debido a la ausencia de piedra, habían construido sus viviendas con materiales perecederos, por lo que no existe resto de este tipo de construcciones. También en esa zona y manzanas cercanas se encontraron diversos fragmentos cerámicos fenicios y griegos traídos probablemente hacia la primera mitad de ese mismo siglo. Por lo tanto, se demuestra, al menos, la existencia de contactos constantes entre estos tartesios "onubenses" con los pueblos fenicios ya instalados en la parte baja de la ciudad.

La economía de la ciudad se sustentaba en el comercio con los fenicios y en la metalurgia, dada la relativa cercanía de las minas de Riotinto y el hecho de que la ciudad se encontrara a orillas de un río Tinto mucho más caudaloso que en la actualidad, que nace en las mismas minas y termina en una ría a los pies de la ciudad. Todo ello permite una expansión demográfica y un auge constructivo en el que muros y pavimentos se superponen conviviendo con las tradicionales cabañas que continúan siendo una solución constructiva hasta mediados del siglo VI a. C. En siglos posteriores (VII y VI a. C.) el comercio con los metales sigue enriqueciendo la ciudad. Hacia el siglo VI a. C. es difícil distinguir en la ciudad los elementos orientales de los inicialmente tartesios y solo destaca un contacto económico residual con los mercados griegos, no apreciándose transformaciones destacables. En el siglo siguiente se produce un colapso o al menos una crisis en la economía basada en el metal, reduciéndose el tamaño del núcleo urbano y centrándose en el autoabastecimiento mediante la agricultura y la pesca. Pese a todo, el asentamiento nunca dejó de estar habitado, no encontrando un nuevo despegue hasta la llegada de pobladores romanos y la incorporación al Imperio bajo el nombre de onvba aestvaria. Esta Onuba romana, perteneciente a la provincia Bética, ha dejado restos arqueológicos a partir de la época republicana. Fue en época imperial cuando se llegó a una expansión lo suficientemente importante, con una ciudad que imita modelos cercanos como el de Itálica, con estructura en cuadrícula aunque siempre adaptándose a las dificultades del terreno. Onvba Aestvaria tuvo cierta importancia sobre todo por su situación geográfica, que permitió el auge del comercio metalúrgico, agrícola y pesquero. Las intervenciones arqueológicas han encontrado diversos ejemplos de arquitectura civil tanto en el centro como en la periferia, el acueducto subterráneo que atravesaba la ciudad,[3] edificios industriales (generalmente de salazón) y funerarios (algunos se encuentran puestos en valor).

Pese a todo lo expuesto, recientes investigaciones localizan asentamientos humanos en Onuba mucho antes. En 2006, en la zona del Seminario, se encontraron restos datados entre el 3000 a. C. y el 2500 a. C.[4] El hallazgo de dos depósitos cilíndricos con alrededor de unas treinta piezas de deidades prehistóricas, la mayor conocida hasta el momento, situarían en la capital onubense "el poblamiento continuado más antiguo de la península ibérica".[5][6]

Topónimo

Representación de Baal, Louvre.

El origen del toponímico de "Onuba" es complicado:

  • Una teoría popular sugiere que el término Ὄνοβα se origina a partir del término fenicio "*Onos Baal", que significaría "Fortaleza de Baal" o "Fuerza de Baal". Baal era un dios asirio, babilonio y fenicio de sol y de fuego, cuyo culto fue frecuentemente practicado en la zona. Mención de Av. Or. Mar. 259-261 (Tr).
  • Otra teoría sugiere que el sufijo "-uba" significaría literalmente "agua", al presentarse en diferentes asentamientos junto al mar, ríos o rías (como la ría de Huelva). Esta teoría es la más razonable para filólogos e historiadores, puesto que la terminación cuenta con paralelismos por la misma zona (Corduba, Ossonoba, Salduba).[7][8]

En las obras de Pomponio Mela, Plinio el Viejo, Estrabón y Ptolomeo, se le denomina Onoba. El sobrenombre de Aestvaria se le dio por estar a orillas de un río que sentía los aestos o crecientes del mar y posiblemente para diferenciarla del resto de Onoba turdetanas. Aunque se fue transformando en Lusturia, como en la edición de Frobenio y en una sola dicción como Onoba Listuria en Ptolomeo. Pero estos errores se corrigieron gracias a los textos de Estrabón, que cuenta a esta ciudad entre las aestuarias de la Bética:

...In aestariis conditae sunt urbes Astae, Nebrissae,Onoba, Osonoba, Maenoba aliaeque plures á Sacro Promontorium ad columnas.
Estrabón, Geografía, libro III, página 145.

Mela colocó esta Onoba tocando con el golfo que se forma entre los ríos Betis (Guadalquivir) y Ana (Guadiana). Estrabón dice que frente a esta ciudad había una isleta muy hermosa y abundante en frutos, que estaba consagrada a Hércules. Todas estas ciudades en similar ubicación, así como el hecho de que a Onuba llegaran las crecientes del mar o estuarios, nos están indicando que se estaban refiriendo a Huelva. Según Miguel Cortés López, en su Diccionario Geográfico:

Padeció grande engaño Rodrigo Caro creyendo haber estado (Onuba) en Gibraleón. En esta villa estuvo la Olontigi[9] como se ha dicho. Plinio coloca a Onuba en la costa del océano, liictore oceani.
Reverso de moneda en la que se aprecian el nombre de ONVBA y dos espigas de trigo.

Este origen etimológico de la geografía antigua lo demostró Antonio Jacobo del Barco y Gasca en una disertación impresa en Sevilla, en el año 1775, donde se ve impugnada la equiparación de Onuba a Gibraleón hecha por Rodrigo Caro, manifestando que con razón se llamó Aestuaria, teniendo en su distrito tres esteros navegables. El primero es como un canal de comunicación entre los ríos Odiel y Tinto, por el que navegan barcos de pescadores y facilita el comercio con las ciudades de Moguer y Palos. El segundo sale de la Calzada de Huelva hasta la villa de Aljaraque. Por él se comunican Huelva y los pueblos circunvecinos con las villas de Aljaraque, Cartaya, Lepe y la ciudad de Ayamonte. El tercero es un caño mayor que los dos anteriores, navegable para barcos de mayor calado. Además de éstos, son muchos más los que forman los dos ríos en sus avenidas o crecientes. Por tanto, quedó admitido por el propio Rodrigo Caro la imposibilidad de que Onuba fuera Gibraleón, ya que a esta ciudad no pueden llegar los barcos navegando por los estuarios.

A Onuba llegaron los fenicios enviados por el Oráculo, en el segundo viaje que hicieron, según Estrabón, para entablar comercio con España. Y en la isla de Saltés, que José Antonio Conde conjeturó era Tartís o Tarsis, hallaron ya un templo consagrado a Hércules Thobel. También acuñaron monedas, y en una de las mejor conservadas se ve por el anverso una cabeza con morrión y la leyenda C. Caeli Q. Publici, y por el reverso dos espigas y el nombre de Onuba entre ellas. Quedó impugnada, además, en la disertación de Antonio Jacobo del Barco, la tesis de Rodrigo Caro de haber estado en Huelva la ciudad Hibera, que menciona Rufo Festo Avieno. Demostrando también que la distancia de 1500 estadios, que dijo Estrabón distaba la isla de Hércules de la salida del estrecho de Gibraltar, las famosas columnas de Hércules, se verifica puntualmente en Huelva.






Onoba es una ciudad, citada por Ptolomeo en su "Geographia" (II, 4, 9), situada en la costa malagueña, en territorio bastetano.[1] Se trataría de un nombre muy común en época púnico-turdetana, dada la similitud con otros topónimos surpeninsulares.





El Carpio
municipio de España


Bandera

Escudo


Vista panorámica de la localidad
El Carpio ubicada en España
El Carpio
El Carpio
Ubicación de El Carpio en España
El Carpio ubicada en Provincia de Córdoba (España)
El Carpio
El Carpio
Ubicación de El Carpio en la provincia de Córdoba
Mapa
País España
Com. autónoma Andalucía
Provincia Córdoba
ComarcaAlto Guadalquivir
Partido judicialMontoro[1]
Ubicación37°56′24″N 4°29′55″O
Altitud183 m
Superficie46,68 km²
Núcleos de
población
3
Población4327 hab. (2025)
Densidad92,69 hab./km²
Gentiliciocarpeño, -a
Código postal14620
AlcaldesaVanessa Mariscal Herrera (PP)
Presupuesto5 865 029 € (2022)
PatrónEcce-Homo
PatronaInmaculada
Sitio webwww.ayunelcarpio.es

El Carpio es un municipio español situado en la provincia de Córdoba, comunidad autónoma de Andalucía. En el año 2023, contaba con una población de 4327 habitantes, según el padrón del INE. Se encuentra situado en la comarca del Alto Guadalquivir.

Los orígenes de la localidad se retrotraen a la Antigüedad, si bien la creación de la villa actual se sitúa en el siglo XIV, como un núcleo de población que se fue articulando en torno a la fortaleza que se erigió en lo alto de una elevación. Con el paso de lo siglos el caserío se fue extendiendo hasta alcanzar el tamaño que posee en la actualidad. Ya en época contemporánea se produjo un cierto despegue económico con la instalación de varias industrias en su término municipal.

El término municipal es atravesado por varias carreteras y por la autovía A-4, así como por el ferrocarril convencional. Su actividad económica está basada principalmente en la agricultura, en especial la producción triguera, aunque el sector industrial tiene un cierto peso.

Además del núcleo principal, el municipio cuenta con dos pedanías: Maruanas y San Antonio.

Geografía

Se encuentra situada a una altitud de 150 metros sobre el nivel del mar y a 30 kilómetros de la capital de provincia, Córdoba. Su extensión superficial es de 46,68 km² y tiene una densidad de 96,4 hab/km². El término municipal está atravesado por la Autovía del Sur entre los puntos kilométricos 371 y 375, y por la carretera autonómica A-306 que permite la comunicación con Bujalance.

El relieve del municipio está influenciado por el valle del río Guadalquivir que cruza el territorio de este a oeste haciendo un meandro. La altitud oscila entre los 300 metros en el extremo noroccidental, en el ascenso hacia Sierra Morena, y los 129 metros en la ribera del río. En el paisaje predominan fértiles tierras de olivos, vega y de cultivos herbáceos. En las orillas del río existen unos sotos que resultan de gran interés natural pues sirven de refugio para numerosas aves acuáticas.

Municipios limítrofes
Noroeste: Villafranca de CórdobaNorte: AdamuzNordeste: Pedro Abad
Oeste: Villafranca de CórdobaEste: Bujalance
Suroeste: Villafranca de Córdoba y CórdobaSur: CórdobaSureste: Bujalance

Historia

Es muy posible que la cita de Plinio el Viejo (III,10), en la que menciona Onvba en esta zona, se esté refiriendo a los orígenes de El Carpio. La leyenda Onvba también aparece en las monedas acuñadas por esta ciudad en el siglo I a. C. Se trata de una serie de ases y semis. El enclave debió contar con una importante explotación agraria, ya que en el reverso de las citadas monedas siempre aparecen dos espigas tumbadas rodeando el nombre.[2]

La extensión territorial que abarca el actual término municipal de El Carpio formó parte en la antigüedad del municipio romano llamado Sacili Martialium. Un núcleo urbano se situaba en el cortijo del Alcurrucón -término municipal de Pedro Abad- que tuvo rango de municipio de derecho latino y estaba integrado en el convenio jurídico cordobés, equivalente a la demarcación judicial.

El actual territorio de El Carpio fue, en época romana, una zona de fuerte implantación rural, como lo prueban los restos de villas encontrados en La Huelga, sitio del Carneril, cortijo del Valle, túnel de la presa de Mengemor y villar de Alcocer. Estas villas confirman una gran actividad agraria que estaría concentrada en el cultivo de cereales, como se confirma con la aparición de un campo de silos subterráneos de una enorme capacidad de almacenamiento junto a la ermita de San Pedro.

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