Los Cinco de la Riuela es un poblado de colonización creado en las Marismas del Bajo Guadalquivir durante los años de la Guerra Civil a iniciativa del general Queipo de Llano para potenciar el cultivo de arroz en esta zona de Andalucía Occidental,[1] con objeto de abastecer a las provincias que el ejército faccioso iba ocupando en su avance, ya que, al permanecer leales a la República las comarcas arroceras tradicionales de Valencia, este producto escaseaba.[cita requerida]
Hasta mayo de 2016, cuando el ayuntamiento de Isla Mayor -municipio al que pertenece- cambió oficialmente el nombre, este se había llamado Queipo de Llano. El nombre actual rinde memoria a cinco jornaleros de Puebla del Río: Manuel Lama Suárez (50 años), Francisco Ponce Martín (38 años), José Vargas Garrido (31 años), José Blanco Osuna (29 años) y Antonio González de la Rosa (31 años); que fueron asesinados el 13 de agosto de 1936 en un paraje de Gelves llamado La Riuela, por un grupo de pistoleros falangistas que se encargaban de su traslado a Sevilla.[2]
El poblado se encuentra prácticamente abandonado y el INE no lo contempla en sus estadísticas de población.[3] El motivo de su decadencia ha sido la sobreexplotación arrocera de la zona, agravada por la disminución del caudal de agua disponible en las marismas,[cita requerida] así como su mala situación y comunicación. El caserío esta prácticamente arruinado.
En 2018 nueve colonos seguían trabajando la tierra que tras la Guerra Civil recibió Queipo de Llano y que cedió en 1945 su explotación a los colonos a cambio de una renta que se pagaba con porcentajes del rendimiento agrícola.
El paseo de la Castellana (denominado paseo Nuevo de las Delicias de la Princesa en el siglo XIX) es una avenida de Madrid que recorre la ciudad desde la plaza de Colón, en el centro, hasta el nudo norte. Entró en servicio a comienzos del siglo XX. En la primera década del siglo XXI se compone de seis carriles centrales (vía principal) y cuatro laterales (vía de servicio).
De orientación norte-sur, su trazado inicial correspondía al del antiguo cauce fluvial del arroyo de la Fuente Castellana, fuente que manaba algo más al norte de la actual plaza de Gregorio Marañón. Se prolongaba más allá de dicho manantial, hasta los llamados Nuevos Ministerios, donde se encontraba el antiguo hipódromo de Madrid. Desde allí se hizo una prolongación, proyectada en tiempos de la Primera República, hasta alcanzar casi los límites del antiguo pueblo de Fuencarral, hoy barrio de Madrid.
Junto con el paseo del Prado y el paseo de Recoletos, la Castellana forma un eje viario fundamental que atraviesa Madrid de norte a sur. Está prevista su prolongación hacia el norte hasta Fuencarral, dentro del proyecto urbanístico conocido como «Madrid Nuevo Norte».
Historia


El paseo de la Castellana tiene su origen en la vía que, en dirección sur-norte, flanqueaba la ciudad de Madrid durante los siglos XVII y XVIII: los paseos del Prado y Recoletos. La prolongación hacia el norte de este eje Prado-Recoletos se planteó ya durante la regencia de María Cristina de Borbón, viuda del rey Fernando VII, y madre de la que posteriormente accedió al trono con el nombre de Isabel II.[1] Al principio, el paseo no se denominaba así oficialmente, sino paseo de las Delicias de la Princesa, en honor a la futura reina Isabel II, para distinguirlo del paseo de las Delicias del Río (hoy paseo de las Delicias),[2] y fue terminado de acondicionar en 1834.
Los primeros planos de reforma del paseo datan de 1846, pero fue el proyecto del Ensanche diseñado por Carlos María de Castro, el llamado Plan Castro (1857), el que convirtió el conjunto Prado-Recoletos-Castellana, en la principal vía que atravesaba la ciudad de sur a norte. Al oeste quedaba el viejo núcleo de la villa en tanto que al este se disponía el ensanche de la ciudad.
En 1911, el paseo, junto con los del Prado y Recoletos, recibió el nombre de avenida de la Libertad,[3] pero esta denominación no se consolidó.[2] En 1916 el Gobierno encargó un proyecto de Ensanche al ingeniero Juan Merlo, quien realizó un plano de los nuevos límites de Madrid. Para 1916, Núñez Granés hizo un primer proyecto para prolongar esta vía. Aunque en un principio, se pensó que el trazado debía seguir el curso del cauce del arroyo de la Fuente Castellana, Núñez Granés propuso que la prolongación de la Castellana fuera en línea recta, cruzada por cuatro plazas, siendo la primera de ellas la de Alfonso XIII.

La nobleza que se había instalado históricamente en el centro de la ciudad, durante el siglo XIX y los primeros años del XX, se fue instalando en las zonas periféricas de la ciudad. Razón esta por la que se construyeron un buen número de palacios en la Castellana. La mayor parte de los mismos fueron derribados hasta los años setenta del siglo XX. En 1909 se instaló la Iglesia Evangélica de habla alemana junto a la plaza de Colón.
En 1926, la Junta Técnica de Extensión aprobó un nuevo proyecto, basado en el de Núñez Granés. A lo largo de la nueva vía —que mediría 5.005 metros— se proyectaron seis plazas.[4] En 1929, el Ayuntamiento convocó un concurso internacional de Ordenación de Madrid, que incluía la prolongación de la Castellana.
Durante la guerra civil española, el paseo de la Castellana, junto con los paseos del Prado y Recoletos, recibió el nombre de avenida de la Unión Proletaria.[2] Tras finalizar la guerra, el paseo experimentó un nuevo cambio de nombre, pasando a denominarse avenida del Generalísimo.[2] El mal estado en el que se encontraba la vía después del conflicto hizo que en 1941 el general Francisco Franco ordenase la elaboración de un Plan General de Ordenación Urbana de Madrid, el Plan Bidagor, en el cual se proponía la prolongación de la entonces avenida del Generalísimo. Consistía en una amplia avenida con abundantes plazas para ser utilizada en grandes manifestaciones, concentraciones y desfiles político-militares. En 1949, el paseo de la Castellana recuperó su nombre, pero solo en el tramo existente antes de la guerra. La prolongación del paseo, a partir de su cruce con la calle Raimundo Fernández Villaverde, conservó la denominación de avenida del Generalísimo.[2] No fue hasta 1980, que la avenida del Generalísimo desapareció, volviendo a ser parte del paseo de la Castellana.[5]
En la década de 1990 se planteó la construcción de las torres KIO, eligiéndose el proyecto del arquitecto estadounidense John Burgee. Propuso construir dos torres de cristal y granito de veintisiete pisos cada una y otros dos edificios posteriores de diez plantas. Las torres presentaron una gran novedad: tenían una inclinación de un 15% sobre el Paseo de la Castellana para dar la sensación de una puerta.
Las Cuatro Torres de Madrid cierran esta gran avenida por el norte desde finales de la década de 2000.
Otras denominaciones
Entre las diversas denominaciones que ha recibido a lo largo de su historia el paseo se encuentra: paseo de la Fuente Castellana, paseo de Isabel II, paseo de las Delicias de la Princesa (1834-1871), avenida de la Libertad (junto con los paseos del Prado y Recoletos, 1911), avenida de la Unión Proletaria (junto con los paseos del Prado y Recoletos, 1936-1939), avenida del Generalísimo (desde 1939 toda la avenida; desde 1949 solo el tramo al norte de Raimundo Fernández Villaverde; en 1980 recuperó su nombre).
| Plaza de la Montañeta | ||
|---|---|---|
Vista de la plaza de la Montañeta | ||
| Ubicación | ||
| País | ||
| • Comunidad | ||
| • Localidad | ||
| Coordenadas | 38°20′40″N 0°29′17″O | |
| Características | ||
| Tipo | Plaza | |
| Vías incidentes | Periodista Pirula Arderius, Álvarez Sereix, Ángel Lozano, Colón, Pintor Agrasot y Calvo Sotelo | |
| Historia | ||
| Creación | Siglo XX | |
| Nombres previos | Plaza de la Provincia (proyecto), Plaza del Caudillo | |
| Mapas y planos | ||
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La plaza de la Montañeta es una céntrica plaza de la ciudad de Alicante (España). Fue construida durante los primeros años de la dictadura de Francisco Franco y hasta el año 1979 recibió el nombre de plaza del Caudillo. Tradicionalmente, en ella se instala el belén del ayuntamiento en fechas navideñas.[1]
Descripción
Se trata de una plaza rectangular, con una fuente central también de forma rectangular que se localiza en el mismo centro de la plaza. Su diseño, y el de los edificios que la rodean, es el típico de la primera etapa franquista, pero aunque fueron construidos en la misma época, muestran una marcada heterogeneidad, con estilos diferenciados. Pese a ello, el empleo del clasicismo dota de cierta unión al conjunto, en una utilización de la arquitectura como reflejo del poder.[2]
En la plaza se encuentran las principales sedes administrativas del Gobierno de España, como la Subdelegación del Gobierno, la sede provincial de la Agencia Tributaria o la delegación provincial del Ministerio de Justicia. En ella se situaba el desaparecido convento de San Francisco, cuya iglesia en la actualidad es la parroquia de Nuestra Señora de Gracia, que incluía además la sede del obispado de la diócesis de Orihuela-Alicante.[2]
Historia
La plaza debe su nombre al cerro de San Francisco, llamado popularmente La Montañeta, una elevación natural de unos veinte metros de altura situada en el centro de la ciudad.[3] Encima del cerro se construyó en el siglo XIX un molino de viento destinado a garantizar el suministro en caso de sitio durante las guerras napoleónicas. Junto al molino existía una cantera y, en torno a ella, se formó un pequeño núcleo de viviendas humildes, con calles como la del Molino (hoy calle del Teatro) y la del Diluvio.[4]
También se encontraba en la zona el torreón de San Cayetano, último vestigio de la antigua muralla de Alicante, cuyo trazado incluía otras puertas y baluartes como el de San Nicolás, San Carlos o la Puerta del Mar. La muralla seguía un trazado desde el castillo de Santa Bárbara descendiendo por la actual avenida de Alfonso el Sabio hasta la plaza de Calvo Sotelo, donde estaba la Puerta de Elche. El derribo de estas murallas comenzó en la segunda mitad del siglo XIX, tras la autorización de la reina Isabel II durante su visita a Alicante en 1858 para inaugurar la línea férrea Madrid-Alicante.[5]
El cerro fue finalmente desmontado en 1947 por decisión del régimen franquista, como parte de un proyecto de renovación urbanística que incluyó también la creación de la estación de autobuses, la reurbanización del puerto y la construcción de edificios administrativos. Durante este proceso se demolieron tanto el torreón como las viviendas existentes. El diseño definitivo de la plaza fue encargado al arquitecto municipal Félix de Azúa Gruart, quien concibió una plaza cuadrangular cerrada sin pórticos.[6]
En mayo de 1949, el edificio del Gobierno Civil fue inaugurado por el propio Francisco Franco, y la plaza pasó a denominarse plaza del Caudillo. Entre 1970 y 1972, el espacio fue excavado para crear un aparcamiento subterráneo, lo que dividió la plaza en dos plataformas.[6] Con la llegada de la democracia, el pleno municipal presidido por el alcalde José Luis Lassaletta aprobó, el 10 de mayo de 1979, cambiar el nombre de la plaza del Caudillo por el de plaza de la Montañeta.[


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