
Clitias ((en griego antiguo: Κλειτίας, en sus firmas Κλετίας, o Κλιτίας) fue un pintor de vasos griegos de cerámica ática de figuras negras de Atenas que floreció en torno al 570 a. C. - 560 a. C.[1]
Maestro ateniense de la pintura de figuras negras temprana, es conocido por cinco vasos, dos copas y varios fragmentos de copa. En todos los casos, menos en uno de los vasos, aparece la firma de Clitias como pintor y Ergótimos como alfarero. Basándose en su estilo, se le han atribuido también otros fragmentos. Por su estilo, se le atribuyen también otras pinturas sin firmar en recipientes más pequeños o en fragmentos cerámicos. Se caracteriza por la precisión en las incisiones y la limpidez del tono oscuro del miniaturismo, difícil de encontrar en otros artistas de la época.[2] Sus pinturas, a pesar de algunos rasgos arcaicos (contornos cuadrados, ojos de perfil), evidencian una gran precisión gráfica. Clitias y el alfarero Ergótimos formaron, al parecer, un importante dúo creativo, cuyos productos se exportaron hasta Etruria.[3]
Su obra más elaborada (con su firma ΚΛΙΤΙΑΣ ΕΓΡΑΦΣΕΝ – «Clitias la pintó»)[4] es una gran crátera de volutas de figuras negras llamada el "Jarrón de François" (datada en el 570 a. C., es la crátera de voluta ateniense más antigua[1]) que lleva el nombre de su descubridor Alessandro François, quien la descubrió en 1844 en una tumba etrusca cerca de Chiusi (en Toscana). Esta crátera de sesenta y seis centímetros de altura (que es el orgullo del museo florentino, Museo Arqueológico Nacional de Florencia, 4209) mide unos dos metros en su circunferencia máxima y su decoración, dispuesta en bandas (hasta siete bandas horizontales), representa hasta doscientas figuras, que pueden identificarse gracias a las inscripciones.[3] Las historias representadas en el vaso representan una especie de "enciclopedia de la mitología griega", que representa la caza del jabalí de Calidón, las hazañas de Teseo, episodios de la guerra de Troya, incluidas las carreras de carros en los juegos funerarios por el difunto Patroclo, Aquiles atacando a Troilo en las puertas de Troya y Áyax el Grande cargando al muerto Aquiles, también hay una lucha entre los lápitas y los centauros, la procesión de los dioses en la boda de Peleo y Tetis, el regreso de Hefesto al Olimpo, la batalla de los pigmeos y las grullas, así como la esfinge, los grifos o las gorgonas.
| Colantonio | ||
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San Jerónimo en su estudio, Museo di Capodimonte, Nápoles. | ||
| Información personal | ||
| Nacimiento | años 1420 Nápoles (Reino de Nápoles) | |
| Fallecimiento | años 1460 Nápoles (Reino de Nápoles) | |
| Educación | ||
| Alumno de | Barthélemy d'Eyck | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Pintor | |
| Área | Pintura | |
| Años activo | 1440-1470 | |
| Alumnos | Antonello da Messina | |
| Movimiento | Primer Renacimiento | |

Niccolò Antonio, llamado Colantonio (h. 1420), fue un pintor napolitano, conocido por ser uno de los maestros de Antonello da Messina según el humanista napolitano Pietro Summonte, que en una carta fechada el 20 de marzo de 1524 informaba del estado en que se encontraba el arte en Nápoles y de las influencias flamencas, señalando a Colantonio como uno de esos maestros cuya técnica flamenca habría sido asimilada por Antonello.[1]
Biografía
Son muy pocos los detalles de su biografía que se conocen más allá del periodo de su actividad en Nápoles, entre 1440 y 1470 aproximadamente, y lo que dejan ver sus propias obras. Se ha supuesto que pudo formarse con Barthélemy d'Eyck, pintor flamenco de la corte de Renato I de Nápoles. Sus pinturas demuestran la mezcla de influencias provenzales y borgoñonas, propias de la corte de Renato de Anjou, con las catalanas e hispano-flamencas de Alfonso V de Aragón Esos contactos permitieron a Colantonio sintetizar su propio estilo, siendo uno de los primeros artistas en Italia en aprender las técnicas flamencas de la pintura al óleo.
El documento de la época donde se encuentran más datos biográficos es la carta enviada por Pietro Summonte a Marcantonio Michiel, literato y humanista veneciano. En ella Summonte describe el estilo de Colantonio y su importancia en el panorama artístico napolitano, además de mencionar algunas de sus obras principales. Según Summonte:
«Desde los romanos no ha habido otro pintor napolitano destacado hasta Colantonio. [...] Fue un pintor tan talentoso que de no haber sido por su muerte prematura hubiese hecho cosas grandiosas. Debido a la época, él no alcanzó la perfección en sus pinturas. Sin embargo, sí fue así en su discípulo Antonello da Messina, quién también es conocido por su gente. De acuerdo a la época, Colantonio tuvo inclinación hacia el estilo y los colores flamencos. Él quiso viajar allí pero el rey Renato I de Nápoles lo retuvo aquí, mostrándole él el estilo y los métodos del color.»
Y sobre su estilo, en gran parte influenciado por la pintura flamenca, afirmaba:
«Podía copiar con gran habilidad todo lo que quería y copió trabajos de Flandes, que eran los que estaban de moda en ese periodo. También de Flandes vino el retrato pintado de Carlos de Borgoña. Colantonio se las arregló para que el comerciante se lo prestara e hizo una copia que era imposible de distinguir del original. Entonces le dio su cuadro en lugar del original y el comerciante ni se percató hasta que Colantonio le reveló la verdad.»
Su obra más conocida son los dos paneles conservados del desmembrado retablo que pintó entre 1444 y 1446, por encargo de Alfonso V de Aragón, para la iglesia del convento franciscano de San Lorenzo Maggiore: San Jerónimo en su estudio y San Francisco de Asís entregando la Regla, actualmente en el Museo di Capodimonte.[2] El flamenquismo es visible en el amor a los detalles que se advierte en el estudio de san Jerónimo, con el tratamiento casi de naturaleza muerta, pero también en el enlosado del San Francisco y en la fuerte caracterización de sus rostros. Tras estas pintó un Descendimiento para la iglesia de San Domenico Maggiore y el políptico de San Vicente Ferrer (1460) para la San Pietro Martire.
Una pequeña Crucifixión del Museo Thyssen-Bornemisza, que en el pasado le estuvo atribuida por Roberto Longhi, se atribuye actualmente en el museo a un maestro anónimo valenciano relacionado con el quehacer de Rodrigo de Osona.
| Colette | ||
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| Información personal | ||
| Nombre de nacimiento | Sidonie-Gabrielle Colette | |
| Nombre en francés | Sidonie-Gabrielle-Claudine Colette | |
| Nacimiento | 28 de enero de 1873 Saint-Sauveur-en-Puisaye (Francia) | |
| Fallecimiento | 3 de agosto de 1954 (81 años) I Distrito de París (Francia) | |
| Sepultura | Grave of Colette | |
| Nacionalidad | Francesa | |
| Lengua materna | Alemán | |
| Familia | ||
| Padre | Jules Colette | |
| Cónyuge |
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| Pareja | ||
| Hijos | Colette de Jouvenel | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Novelista, negro, periodista, libretista, guionista, escritora de cuentos, dramaturga, prosista, actriz, escritora, cabaretista, crítica de teatro, cantante y bailarina | |
| Cargos ocupados | Presidente (1949-1954) | |
| Empleador | Le Figaro | |
| Seudónimo | Colette Pavic y Colette Willy | |
| Obras notables | ||
| Miembro de |
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| Distinciones |
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| Firma | ||

Sidonie-Gabrielle Colette (Saint-Sauveur-en-Puisaye, 28 de enero de 1873-París, 3 de agosto de 1954), más conocida como Colette, fue una novelista, periodista, guionista, libretista y artista de revistas y cabaré francesa. Adquirió celebridad internacional por su novela Gigi, de 1944, que fue llevada al cine por Vincente Minnelli en 1958. Miembro de la Academia Goncourt desde 1945, llegó a presidirla entre 1949 y 1954. Fue condecorada con la Legión de Honor.
Biografía
Familia y antecedentes
Fue la última de los cuatro hijos del matrimonio formado por Sidonie Landoy, más conocida como "Sido", apelativo que también heredará, y el capitán Jules-Joseph Colette, un militar de Argelia que perdió una pierna en la batalla de Melegnano: los retrató en Sido, de 1930. Colette disfrutó de una educación laica y una infancia feliz en la pequeña villa de Borgoña (Bourgogne), de la que sacó un gran amor a la naturaleza vegetal y animal y al ejercicio físico. Asistió a una escuela pública entre los 6 y los 17 años.[1]
Primeros años 1873-1912
Siendo aún adolescente, conoció al escritor Henry Gauthier-Villars, apodado «Willy»,[2] quince años mayor que ella, con el que se casó el 15 de mayo de 1893 en Châtillon-Coligny.[3] Willy, autor de novelas populares, fue considerado uno de los libertinos más notorios de París, la introdujo en los círculos artísticos e intelectuales de vanguardia y alentó sus experiencias lésbicas. Explotaba a varios colaboradores, empleándoles como negros literarios, y cuyas obras firmaba, y fue el primero en descubrir las facultades de escritora de su esposa, a quien usó de negra.[4] Estas novelas constituyeron la serie de las Claudine (1900-1903), formada por Claudine à l'ecole (Claudine en la escuela) (1900), Claudine aà Paris (1901), Claudine en mènage (1902) y Claudiene s'en va (1903) que describen el arribo a la edad adulta de su protagonista, Claudine, que pasa de ser una quinceañera poco convencional en un pueblo de Borgoña a una celebridad en los salones literarios del París de principios de siglo. La historia que cuentan es semiautobiográfica, aunque Claudine, a diferencia de Colette, es huérfana de madre.[5][6] Fue Willy el que eligió el tema de las novelas de Claudine: "el mito secundario de Safo", la escuela de niñas o el convento gobernado por una maestra seductora, y la mantuvo aislada hasta que produjo suficientes páginas para él.[7]
Indignada por las infidelidades de su marido (Willy fue amante de Marie Lousie Servat, "Germaine", esposa de Émile Courtet con la que tuvo un hijo, Jacques Henry Guthier-Villars), y desesperada por verse constreñida al papel de esposa escarnecida y burlada, Colette fue liberándose poco a poco de su tutela; animada por Georges Wagne, se dedicó a satisfacer sus ambiciones teatrales dedicándose a actuar en espectáculos de music-hall. Lo reflejará en La vagabunda, 1910. Fueron estos años de escándalo y liberación moral en los que descubrió su bisexualidad, pues tuvo aventuras con varias mujeres. Incluso sostuvo un trío con una de las amantes de su esposo, Georgie Raoul-Duval, de soltera Urquhart, de forma que asistieron al festival de Bayreuth juntos en 1901; Colette vertió esta historia, con leves retoques, en Claudine en ménage.
En 1910, se divorció al fin de «Willy», a quien no importaban sus aventuras con mujeres, sino sólo con los hombres, y durante los años sucesivos fue afianzándose como escritora: precisión en las palabras que describen la belleza de la naturaleza, gran poder de observación, fino análisis de la conducta de los animales y una gran voluptuosidad y sensualidad expresadas con estilo igualmente fresco y libre. Tuvo otras amantes notorias, como la rica heredera norteamericana Natalie Clifford Barney, o Matilde de Morny, marquesa de Belboeuf, más conocida como "Mitzi", "Missy" o "tío Max". También tuvo algunas amigas: las escritoras Helène Picard, que fue su secretaria, y Marguerite Moreno, esposa de Marcel Schwob. Entre los hombres, por supuesto, los escritores Jean Cocteau y Paul Valéry, pero le fue imposible estrechar una amistad con André Gide: eran como agua y aceite.
Reivindicar los derechos de la carne sobre el espíritu y los de la mujer sobre el hombre es el eje constituyente de su obra. Siempre con una agitada vida sentimental, Colette conoció a Henry de Jouvenel, un periodista, redactor jefe de Le Matin, con quien se casó en 1912 y tuvo a su única hija, Colette de Jouvenel, a la que llamó en provenzal Bel-Gazou.
Colette colaboró en el periódico de su esposo, Le Matin, con diversos artículos y reportajes (hasta la Gran Guerra en Contes des mille et une matins). Pero se divorció en 1923, no sin convertirse, escandalosamente, en amante de su hijastro Bertrand de Jouvenel, de diecisiete, iniciándole además en la escritura. Esta experiencia, ya con cuarenta años, le servirá a Colette para desarrollar los temas y situaciones de dos de sus más famosas novelas, Chéri y Le Blé en herbe.
Colette colaboró con el compositor Maurice Ravel, entre 1919 y 1925, para hacer la fantasía lírica L'Enfant et les Sortilèges. Por su parte, Léopold Marchand colaboró con Colette en las adaptaciones teatrales de Chéri y La vagabunda (en 1921 y 1923, respectivamente); su mujer, una judía polaca, también amiga de Colette, cuando perdió a toda su familia en la II Guerra Mundial se hundió en la desesperación y se suicidó.

En 1932 publicó Lo puro y lo impuro, que, según Goudeket, es "el más difícil de sus libros y, a la vez, el más original. Dudo que se haya escrito algo más intenso y más exacto sobre los sentidos, especialmente del sexual, acerca de su soberanía y su tristeza" (Junto a Colette, cap. X). Se trata del originariamente llamado Estos placeres..., que es una especie de biografía del periodo más tétrico de vida de la poetisa lesbiana inglesa de expresión francesa Renée Vivien, que había conocido personalmente. La primera entrega salió en semanario Gringoire, pero el director recibió tantas protestas escandalizadas que no llegó a ver la luz la segunda. Diez años antes, aunque menos brutalmente, El trigo verde había recibido el mismo trato en la sección de cuentos de Le Matin, cuando ya andaba por la mitad de la obra. Goudeket sugiere que lo realmente subversivo del libro era el no emplear un tono didáctico para hablar de temas escabrosos: en Estos placeres..., aborda comportamientos sexuales distintos de los más habituales sin dejar nada en la sombra. Colette decidió cambiar de título al libro a Lo puro y lo impuro, dijo, porque le molestaban los puntos suspensivos.
De 1933 a 1936, asumió la crítica teatral en el periódico Le Journal, sucediendo a Catulle Mendès y G. de Pavlowski, y durante cinco años asistió a ensayos generales cuatro o cinco días a la semana, cultivando la crítica impresionista que llena los cuatro volúmenes de La jungla negra, lo que hizo decrecer su producción narrativa. En 1936, apareció Mis aprendizajes, que narraba la vida de Colette en la época de las Claudines, y en 1937 publicó su primer volumen de relatos, Bella Vista, al que siguieron otros tres libros destacados: Cuarto de hotel, El quepis y Gigi (1944).
Ya en el cénit de su talento y su gloria, se instaló en un apartamento cerca del Palais-Royal, en el que vivió hasta su muerte, haciendo escapadas de dos meses en verano a Saint-Tropez, o a viajes esporádicos a Nueva York, Berlín, a España, a Gibraltar, a los fiordos noruegos en el yate "Eros" de Henri de Rothschild o a Montecarlo.
Un amigo de antaño, que había conocido en 1925, el periodista de origen judío Maurice Goudeket (1889-1977), fue su tercer y último marido, desde 1935. Goudeket, después de haber pasado por el campo de concentración de Compiègne (1941-1944), del que Colette no pudo lograr sacarlo, la ayudó al final a soportar una terrible artritis de cadera que la relegó a una silla de ruedas a partir de 1944. En 1945 fue elegida miembro de la Academia Goncourt.
En 1948 Goudeket empezó a imprimir sus Obras completas, que venía recogiendo desde hacía tres años, y se extendió su fama fuera de Francia; su libro Junto a Colette, de 1956, dio abundantes y desordenadas noticias de ella. Pese a su escandalosa vida, y habiéndosele negado un funeral católico por su condición de atea, la República Francesa le hizo unos funerales de estado, de forma que ha sido la única escritora francesa que ha gozado de tal honor. Está enterrada en el cementerio del Père Lachaise (París).

Gustos literarios
Como señala su tercer marido Maurice Goudeket —en Junto a Colette, cap. 18—, fue una gran lectora. Sus autores favoritos en lengua francesa, releídos una y otra vez, eran Balzac y sobre todo Proust, desde el primer tomo de la Recherche. Trató personalmente a Marcel Proust, y su epistolario mutuo es revelador de la cercana simpatía. Le gustaron Mérimée y Daudet. También leyó traducida toda la obra de Rudyard Kipling y Joseph Conrad. De niña había leído toda la obra de Alphonse Daudet y de mayor leía y releía mucha poesía lírica, en especial a Edgar Allan Poe a través de la versión de Baudelaire, también Paul Verlaine y Leconte de Lisle.
Admiraba el estilo florido y arqueológico de Salambó y La educación sentimental, por otros motivos, de Gustave Flaubert. Era una gran consumidora de libros de ciencias naturales, de los que tenía cientos: botánica, zoología (amaba los animales), oceanografía, entomología (tuvo una gran colección de mariposas), horticultura, historia natural... También devoraba libros de viajes de todas las épocas.
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