Para otros usos de este término, véase Arístides (desambiguación).
| Arístides | ||
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Escultura de Arístides (Museos Vaticanos). | ||
| Información personal | ||
| Nombre en griego antiguo | Ἀριστείδης | |
| Nacimiento | c. 540 a. C. Alopece (Antigua Atenas) | |
| Fallecimiento | 467 a. C. Atenas (Antigua Atenas) | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Militar | |
| Cargos ocupados |
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| Rango militar | Estratego | |
| Conflictos | Batalla de Maratón, Guerras médicas, batalla de Salamina y batalla de Platea | |
| Miembro de | Antioquea (tribu) | |

Arístides (en griego, Ἀριστείδης; Aristídes en pronunciación antigua)[1] fue un estadista ateniense del siglo V a. C. que vivió entre el año 530 a. C. y el 468 a. C., arconte y estratego durante las guerras médicas.
Obtuvo el sobrenombre de «el Justo». El antiguo historiador Heródoto lo citó como «el mejor y más honorable hombre de Atenas»,[2] y un tratamiento parecido le dispensó el filósofo Platón en sus escritos.
Biografía
Era hijo de Lisímaco y primo de Calias. Aunque se supone que en un principio fue seguidor de Clístenes, lo cierto es que no se tienen noticias firmes hasta el año 490, cuando siendo estratego apoyó los planes de Milcíades y protagonizó la batalla de Maratón. Al año siguiente fue nombrado arconte epónimo. Fue el principal oponente a la política de Temístocles para hacer de Atenas una potencia marítima. Arístides se convirtió en el dirigente de una tendencia conservadora, pero fue derrotado y en el 482 fue condenado al ostracismo. En el 480 a. C. regresó de su exilio en Egina al amparo de la amnistía general y participó en la batalla de Salamina, donde condujo a los hoplitas que ocuparon la estratégica isla de Psitalea. El historiador Heródoto disiente sobre este hecho y cuenta que cuando se dio dicha batalla Arístides estaba todavía en el destierro. Inmediatamente recobró su influencia política y fue elegido estratego al menos tres años seguidos (480/79-478/77). En el 479 estuvo junto a Mirónides al frente del contingente ateniense en Platea. A pesar de su oposición a Temístocles, coincidía con él en cuanto a la política exterior, y así en el 478 le apoyó en su propuesta sobre el amurallamiento de Atenas. En este año tuvo a sus órdenes la escuadra ateniense en la flota griega puesta bajo la dirección del espartano Pausanias, atrayéndose grandes simpatías entre los jonios. A comienzos del 477, junto al estadista Cimón, se constituyó la Liga de Delos bajo la hegemonía de Atenas, acontecimiento en el que Arístides tuvo un papel de gran importancia al organizar los aspectos financieros, redactar los estatutos y fijar las contribuciones de barcos, hombres y dinero que debía aportar cada ciudad-Estado para engrosar el tesoro de la Liga de Delos, con tal acierto que recibió el sobrenombre de el Justo. Poco después se retiró de la política y murió c. 467 y se cuenta que el Estado ateniense tuvo que conceder una pensión a sus hijas, ya que Arístides estaba en la indigencia. Esta leyenda contradice el hecho de que se supone que debía ser lo suficientemente rico como para haber sido nombrado arconte.
Se cuenta que, cuando se iba a celebrar la asamblea en la que sería condenado al ostracismo, un campesino le pidió que escribiera en la tablilla el nombre de su elegido, el propio Arístides. Este le preguntó qué mal había hecho Arístides para merecer su voto, a lo que el campesino dijo: «No lo soporto, todo el mundo dice que es el más justo». Arístides, sin preguntar más, escribió su nombre en la pieza de cerámica y se la entregó al campesino. Como dice Finley, tal cuento edificante no es verosímil, sino propaganda. De hecho, se ha documentado arqueológicamente un fraude en un proceso de ostracismo contra Temístocles, que fuera rival político de Arístides, lo cual, si bien no le acusa directamente, sí proyecta dudas sobre la ética y pureza de la política ateniense de la época.
| Aristipo | ||
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| Información personal | ||
| Nombre en griego | Ἀρίστιππος | |
| Nacimiento | c. 435 a. C. Cirene (Libia) | |
| Fallecimiento | 355 a. C. o 366 a. C. Cirene (Libia) | |
| Familia | ||
| Hijos | Areta de Cirene | |
| Educación | ||
| Alumno de | Sócrates | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Filósofo | |
| Área | Filosofía | |
| Alumnos | Areta de Cirene y Antípatro de Cirene | |
| Movimiento | Escuela cirenaica | |
Aristipo (435 a. C. - 350 a. C.) fue un filósofo griego fundador de la escuela cirenaica. Era un alumno de Sócrates, pero adoptó una perspectiva filosófica muy diferente. Sostuvo una teoría del conocimiento escéptica y empirista. Enseñó que el objetivo de la vida era buscar placer como bien supremo y mantener un control adecuado sobre la adversidad y la prosperidad (hedonismo ético). Entre sus alumnos estaba su hija Areta y nieto Aristipo.[1][2]
Biografía


Aristipo, hijo de Aritades, nació en la ciudad africana de Cirene en 435 a. C. Cuando fue a Grecia para presenciar los juegos olímpicos fue atraído por la fama de Sócrates, lo buscó y se hizo su discípulo. Estuvo con el maestro hasta su ejecución, volvió a su patria, donde en sus últimos años enseñó filosofía para mantenerse. Fue el fundador de la escuela cirenaica, propugnadora del hedonismo "cirenaico".[3] Diógenes de Sinope lo llama perro real y Timón el Silógrafo lo moteja de afeminado por el lujo y disfrutar de las comodidades que se le ofrecían.[4] También tenía un esclavo llamado Eutiques y solía comerciar con una meretriz llamada Laida.[5]
Tuvo una hija filósofa llamada Areta, quien fue sucesora de la escuela.[3] Es controvertido si él o su nieto Aristipo el Joven fueron los fundadores de la escuela cirenaica.[6]
En el Libro VI de De architectura, Vitruvio describe a Aristipo:
Aristipo, el filósofo socrático, naufragado en la costa de Rodas, al percibir algunos diagramas geométricos al respecto, se dice que exclamó a sus compañeros: "Sé de buen valor, veo signos de civilización" y de inmediato hacia la ciudad de Rodas, llegó al gimnasio; donde, disputando sobre temas filosóficos, obtuvo tales honores, que no solo se proporcionó para sí mismo, sino que también proporcionó ropa y comida a sus compañeros. Cuando sus compañeros completaron sus preparativos para regresar a casa, y le preguntaron qué mensaje deseaba enviar a sus amigos, quiso que dijeran: que las posesiones y provisiones para los niños deben ser aquellas que se puedan preservar en caso de naufragio; en la medida en que esas cosas son los verdaderos soportes de la vida que las posibilidades de fortuna, los cambios de los asuntos públicos y la devastación de la guerra no pueden afectar.[7]
Aristipo parecía insultante para Jenofonte y Platón, como se ve desde el Memorabilia, donde mantiene una discusión contra Sócrates en defensa del disfrute voluptuoso, y desde el Fedón, donde su ausencia a la muerte de Sócrates sin duda se menciona como un reproche.[8] Aristóteles, también, lo llama un sofista[9] y nota una historia de Platón hablándole con vehemencia indebida, y de su respuesta con calma.[10]
Filosofía
Según Aristipo, lo que aprendió de la filosofía fue "poder conversar con todos sin miedo".[11] Sus ideas, algo semejantes en el punto de partida con las socráticas, divergen de ellas notablemente en el fondo. Partiendo del dicho de Protágoras de que «el hombre es la medida de todas las cosas», empezó por despreciar la dialéctica y dar importancia solo a la ciencia positiva.
Aristipo era escéptico de la veracidad de los sentidos «porque no nos dan seguro conocimiento de las cosas» por lo que «sino que debemos obrar aquello que nos parezca conforme a razón».[12] Defendió el nominalismo y el sensualismo, al igual que Antístenes, pero diferenciándose radicalmente de él por su ética. La felicidad para Aristipo consiste en el placer; a mayor placer, mayor felicidad; y, como el placer más intenso es el sensible, este es el que hay que perseguir.[13] Dentro del placer sensible solo interesa el placer presente (parón páthos), sin que tengamos que preocuparnos por el futuro, ya que este es incierto. La σωφροσύνη (sofrosine), la prudencia, es la que guía en la búsqueda del placer, para saber elegir el más adecuado; pero el hombre no debe ser dominado por el placer, sino dominarlo (en lo que hay una cierta atemperación del hedonismo).[14] Los sabios no está sujetos a la envidia, malos deseos, supersticiones y al miedo de la muerte.[14][15] Despreciaba las matemáticas porque no se ocupan de lo bueno ni de lo malo.[9]
Defendía obtener la gratificación sensual de lo presente y obtener cosas que puedan traer placer a uno en el futuro.[16] Aceptaba la riqueza como medio para el placer y también aceptaba la prostitución.[5][14] Aristipo mostró poca consideración por los estándares convencionales de la época en Grecia en ese momento. En lugar de ser "esclavo del placer", Aristipo pensó que le traía la libertad de hacer cualquier cosa placentera sin importar las convenciones de su época, pero no él no era poseído por él, de la misma forma decía que «Yo poseo a Laida», su meretriz, «pero no ella a mí».[5][16] En una ocasión, encontrándose con Diógenes de Sinope lavando unas hierbas, le dijo este: "Si hubieras aprendido a prepararte esta comida, no solicitarías los palacios de los tiranos". A lo que Aristipo respondió: "Y si tú supieras tratar con los hombres, no estarías lavando hierbas".[11] No obstante, para Aristipo, es mejor ser mendigo que ignorante; pues aquel está falto de dinero, pero este último, de humanidad.[17]
El hombre debe ser superior a sus instintos básicos y así su placer se combinaba con una relativa libertad de espíritu. Tal superioridad la produce la cultura de la inteligencia. En ese punto se aproximaba a Sócrates, que consideraba también la ciencia como condición indispensable para la humana felicidad. Pero Aristipo reducía toda la ciencia y sus ventajas al dominio del sentimiento individual.[15] La virtud, por tanto, no era para él más que la moderación en la fruición, pero moderación interesada, para que no se agote la fuente del placer.[14]
Con la inteligencia cultivada distinguía los placeres sensuales de los intelectuales, los puros de los que llevan mezcla, los egoístas de los desinteresados. Aristipo sostuvo que los placeres del cuerpo son preferibles a los intelectuales,[3][18] pues "aunque la acción sea indecente, se disfruta su deleite, que es bueno".[13] Si estos fueran solo vicios, "ciertamente no se practicaría en las festividades de los dioses" como hace Dioniso.[11] Aristipo es el primero de la serie de filósofos hedonistas, cuyo pensamiento prosiguen en cierto modo Epicuro, Hobbes, Locke, Hume, Bentham, John Stuart Mill, Herbet Spencer y Michel Onfray.
Obras
Según Diógenes Laercio, escribió multitud de obras, muchas de carácter frívolo y ajenas al campo de la filosofía.[19] Ninguna de ellas subsiste. Se conservan cuatro Cartas bajo su nombre, evidentemente apócrifas.
| Aristófanes | ||
|---|---|---|
Busto de Aristófanes (siglo I a. C.) | ||
| Información personal | ||
| Nombre en griego antiguo | Ἀριστοφάνης | |
| Nacimiento | c. 445 a. C. Atenas (Grecia) | |
| Fallecimiento | c. 385 a. C. (c. 60 años) Atenas (Grecia) | |
| Familia | ||
| Padre | Philippus | |
| Hijos | Araros | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Dramaturgo | |
| Años activo | 427 a. C.-386 a. C. | |
| Movimiento | Comedia antigua | |
| Lengua literaria | Griego antiguo | |
| Género | Comedia | |
| Obras notables | ||
Aristófanes (en griego antiguo: Ἀριστοφάνης, pronunciado /aristopʰánɛːs/; Atenas, c. 445 a. C.-Atenas, c. 385 a. C.)[1] fue un comediógrafo griego, principal exponente del género cómico y una de las grandes figuras de la antigüedad clásica.[2] Escribió cuarenta obras, de las cuales sobreviven once de manera casi completa. La mayoría de sus obras que sobreviven pertenecen al género cómico conocido como Comedia Vieja, del que son consideradas como los ejemplos más valiosos. Las obras de Aristófanes eran representadas en los festivales religiosos de Atenas, principalmente en las Grandes Dionisias y las Leneas, y varias de ellas ganaron el primer lugar en sus respectivas competiciones.[3]
Conocido también como «el padre de la comedia»[4] o «el príncipe de la comedia antigua»,[5] Aristófanes escribió obras que a menudo trataban de figuras de la vida real, entre ellas Eurípides y Alcibíades, así como acontecimientos contemporáneos como la guerra del Peloponeso.[3] Se decía de él que había recreado la vida de la antigua Atenas de manera más convincente que cualquier otro autor.[6] Sus obras están caracterizadas por premisas prepósteras, lenguaje explícito, juegos de palabras y sátira política. Sus habilidades para ridiculizar eran temidas y reconocidas por contemporáneos influyentes. Platón destacó a la obra Las nubes como una difamación que contribuyó al juicio y a la subsiguiente condena a muerte de Sócrates,[3] si bien otros dramaturgos satíricos también habían hecho caricaturas del filósofo.
La segunda obra de Aristófanes, Los babilonios (actualmente perdida), fue denunciada por Cleón de Atenas como difamación contra la polis ateniense. Es posible que el caso haya sido discutido en el tribunal, pero no quedan detalles escritos del juicio y Aristófanes caricaturizó sin piedad a Cleón en sus siguientes obras, en particular en Los caballeros, la primera de muchas obras que dirigió él mismo. «En mi opinión», dice a través del coro de la obra, «el autor-director de comedias tiene el trabajo más difícil de todos».[7]
Biografía
Aristófanes vivió durante la guerra del Peloponeso, época que coincide con el esplendor del imperio ateniense y su consecuente derrota a manos de Esparta. Sin embargo, también fue contemporáneo del resurgimiento de la hegemonía ateniense a comienzos del siglo IV a. C.
Ciudadano ateniense, Aristófanes procedía del demo de Cidatenaión, que formaba parte de la tribu ática (phyle) de Pandionis. Su padre se llamaba Filipo y su madre, Zenodora. En la antigüedad, se asumía que su familia tenía vínculos con la isla de Egina. Se sabe poco sobre la vida de Aristófanes, y sus obras constituyen la principal fuente de información biográfica. En la Comedia Vieja o Comedia Antigua, era habitual que el coro hablara en nombre del autor durante una intervención denominada parábasis, en la que solían aparecer algunos datos biográficos. No obstante, estos datos se refieren casi exclusivamente a su trayectoria como dramaturgo, y las obras ofrecen escasas pistas claras e inequívocas sobre sus convicciones personales o su vida privada. Fue un poeta cómico en una época en la que el dramaturgo solía ejercer también como director de la obra (didaskalos). Este término significa literalmente «maestro» y aludía principalmente a su función de instruir al coro durante los ensayos, aunque tal vez también abarcaba su relación con el público en calidad de comentarista de cuestiones de relevancia.
Leyendo a Aristófanes es posible hacerse una idea de las intensas discusiones ideológicas (políticas, filosóficas, económicas y literarias) en la Atenas de aquella época.
Su postura conservadora le llevó a defender la validez de los tradicionales mitos religiosos y se mostró reacio ante cualquier nueva doctrina filosófica. Especialmente conocida es su animadversión hacia Sócrates, a quien en su comedia Las nubes lo presenta como un demagogo dedicado a inculcar todo tipo de insensateces en las mentes de los jóvenes. En el terreno artístico tampoco se caracterizó por una actitud innovadora; consideraba el teatro de Eurípides como una degradación del teatro clásico.[8]
Poesía
El lenguaje de las obras de Aristófanes, y en la vieja comedia en general, fue valorado por los comentaristas antiguos como un modelo del dialecto ático. El orador Quintiliano creía que el encanto y la grandeza del dialecto del ático hacían de la vieja comedia un ejemplo para que los oradores estudiaran y le siguieran, y él lo consideraba inferior en estos aspectos solo a las obras de Homero. Un renacimiento del interés en el dialecto del ático pudo haber sido responsable de la recuperación y de la circulación de las obras de Aristófanes durante los siglos IV y V d. C., dando por resultado su supervivencia hoy. En las obras de Aristófanes, el dialecto del ático se expresa en verso y sus obras pueden apreciarse por sus cualidades poéticas.
Para los contemporáneos de Aristófanes, las obras de Homero y Hesíodo formaron las piedras angulares de la historia y la cultura helénicas. Así, la poesía tenía un significado moral y social que lo convertía en un tema inevitable de la sátira cómica. Aristófanes era muy consciente de las modas y tradiciones literarias, y sus obras se encuentran numerosas referencias a otros poetas. Estos incluyen no solo cómicos contemporáneos como Eupolis y Hermipo, o predecesores como Magnes, Crates y Cratino, sino también trágicos, notablemente Esquilo, Sófocles y Eurípides. Estos tres últimos se mencionan en Las ranas. Aristófanes era el igual de estos grandes trágicos en su refinado uso de la lírica. En concreto, parece que ha modelado su estilo lingüístico en el de Eurípides, hasta el punto de que el dramaturgo cómico Cratino lo calificó como un «Euripidoaristofanista» adicto a las sutilezas de detalle.
Retórica
Se cree ampliamente que Aristófanes condenó la retórica por razones tanto morales como políticas. Afirma que "un orador entrenado en la nueva retórica puede utilizar su talento para engañar al jurado y desconcertar a sus oponentes con tanta profundidad que el juicio pierde toda apariencia de imparcialidad". Está hablando del "arte" de la adulación, y la evidencia apunta hacia el hecho de que muchas de las obras de Aristófanes fueron creadas con la intención de atacar el punto de vista de la retórica. El ataque más notable se puede ver en su obra Comensales, en la que dos hermanos de diferentes orígenes educativos sostienen que su educación es la mejor. Un hermano viene de un fondo de educación "pasada de moda" mientras que el otro hermano parece ser un producto de la educación sofística.
El coro fue utilizado principalmente por Aristófanes como una defensa contra la retórica y, a menudo, hablar de temas como el deber cívico de los que fueron educados en las enseñanzas clásicas. En opinión de Aristófanes, era el trabajo de esos adultos cultos proteger al público del engaño y permanecer como un faro de luz para aquellos que eran más crédulos que otros. Una de las razones principales por las que Aristófanes estaba tan en contra de los sofistas surgió de los requisitos enumerados por los líderes de la organización. El dinero era esencial, lo que significaba que casi todos los alumnos que estudiaban con los sofistas provenían de la clase alta y excluían el resto de la polis. Aristófanes creía que la educación y el conocimiento eran un servicio público y que todo lo que excluía las mentes voluntarias no era más que una abominación. Concluye que todos los políticos que estudian la retórica deben tener "ciudadanías dudosas, una moral indescriptible y demasiada arrogancia".
Obras
Desde su juventud escribió comedias. Se conservan once obras suyas, desarrolladas con una estructura definida en la que alternan el diálogo y el canto:
- Los acarnienses, 425 a. C.
- Los caballeros, 424 a. C.
- Las nubes, 423 a. C. Una sátira contra los nuevos filósofos, como Sócrates.
- Las avispas, 422 a. C.
- La paz, 421 a. C.
- Las aves, 414 a. C. Una sátira del imperialismo ateniense.
- Lisístrata, 411 a. C.
- Las Tesmoforias, 411 a. C.
- Las ranas, 405 a. C. Una sátira contra Eurípides.
- Las asambleístas, 392 a. C.
- Pluto, 388 a. C.
Aristófanes presenta su primera comedia a un certamen siendo tan joven que no la puede hacer con su nombre, esto es más por una cuestión tradicional ya que era perfectamente legal. Esta pieza, hoy desaparecida, se estrenó en el año 427 a. C. y fue llamada Los convidados. Su segunda obra es Los babilonios, y fue representada en 426 a. C. Esta comedia tampoco ha llegado hasta nuestros días.
Miscelánea
En honor de Aristófanes se bautizó al asteroide (2934) Aristophanes con su nombre.
El gesto obsceno de levantar el dedo corazón, que muchos creerían contemporáneo, aparece ya en Las nubes, escrita cuatrocientos años antes de Cristo. En esa comedia un rústico al que le hablan de un verso dactílico (del griego: δάκτυλος [daáktylos] ‘dedo’) yergue el mayor y pregunta: "¿Cuál...? ¿Este?", con lo que seguramente despertó las risas del público.[9][10]
El filósofo Platón sitúa en su diálogo El banquete —apenas siete años después del estreno de Las nubes— al propio Aristófanes en compañía de Sócrates y Agatón. En esta escena los tres personajes eran «los únicos que todavía seguían despiertos» tras la celebración de una fiesta, y son representados charlando amigablemente.[11]
También presentaba gatos en sus obras para lograr un efecto cómico, acuñando la frase "el gato lo hizo" para señalar al culpable.[
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