Para el músico chileno conocido como Hirohito, véase Eugenio León Hernández.
| Shōwa Tennō 昭和天皇 | |||
|---|---|---|---|
El emperador vestido de uniforme militar, en 1935. | |||
Emperador de Japón | |||
| 25 de diciembre de 1926-7 de enero de 1989 (62 años y 13 días) | |||
| Predecesor | Taishō | ||
| Sucesor | Akihito | ||
Regente del Japón | |||
| 25 de noviembre de 1921-25 de diciembre de 1926 (5 años y 30 días) | |||
| Predecesor | Emperador Taishō (como emperador reinante) | ||
| Sucesor | Él mismo (como emperador) | ||
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| Información personal | |||
| Nombre completo | Hirohito | ||
| Tratamiento | Shōwa (昭和 Shōwa) póstumo | ||
| Coronación | 10 de noviembre de 1928 | ||
| Nacimiento | 29 de abril de 1901 Tokio, Imperio del Japón | ||
| Fallecimiento | 7 de enero de 1989 (87 años) Tokio, Japón | ||
| Sepultura | Hachiōji | ||
| Himno real | Kimigayo | ||
| Religión | Sintoísta | ||
| Familia | |||
| Casa real | Casa de Yamato | ||
| Padre | Emperador Taishō | ||
| Madre | Emperatriz Teimei | ||
| Cónyuge | Kuni Nagako (matr. 1924) | ||
| Hijos | Emperador Akihito Princesa Teru Princesa Hisa Princesa Taka Princesa Yori Princesa Suga Príncipe Masahito | ||
| Información profesional | |||
| Lealtad | |||
| Fuerza | Ejército Imperial Japonés | ||
| Firma | |||
Hirohito (裕仁? pronunciado /çi'ɺ̠oçito/; Tokio, 29 de abril de 1901-Tokio, 7 de enero de 1989) fue el 124.º emperador de Japón según el orden de sucesión tradicional, reinando sobre el Imperio de Japón desde el 25 de diciembre de 1926 hasta el 2 de mayo de 1947, después siendo emperador del Estado de Japón hasta su muerte. Subió al trono tras la muerte de su padre Yoshihito. Fue sucedido por su quinto hijo y mayor de sus hijos varones, Akihito.
Hirohito y su esposa, la emperatriz Kojun, tuvieron siete hijos, dos hombres y cinco mujeres. En Japón, los emperadores reinantes son solo conocidos como “el Emperador.” Él ahora es conocido primordialmente por su nombre póstumo, Shōwa (昭和 Shōwa), que es el nombre de la era de su reinado; por esta razón también es conocido como el emperador Shōwa (昭和天皇, Shōwa-tennō). A partir de 1979, Hirohito fue el único monarca del mundo que llevaba el título de “emperador.” Fue el emperador más longevo y mantiene el tiempo de reinado más largo en la historia japonesa, asimismo es uno de los monarcas más longevos del mundo.
Al comienzo de su reinado, Japón ya era una de las grandes potencias: la novena economía más grande del mundo, la tercera potencia naval más grande y uno de los cuatro miembros permanentes del consejo de la Liga de las Naciones.[1] Fue el jefe de Estado según la Constitución del Imperio de Japón durante la expansión imperial de Japón, la militarización y la participación en la Segunda Guerra Mundial. Después de la rendición de Japón, nunca fue procesado por crímenes de guerra como lo fueron muchas otras figuras importantes del gobierno, y su grado de participación en las decisiones de guerra sigue siendo controvertido.[2] Durante el período de posguerra, se convirtió en el símbolo del estado de Japón bajo la constitución de posguerra y la recuperación de Japón. Al final de su reinado, Japón emergió como la segunda economía más grande del mundo.[3]
Biografía
Primeros años

Hirohito nació en el Palacio de Aoyama en Tokio, el primogénito del futuro emperador Yoshihito y de la princesa Sadako. Llamado Michi no miya (‘príncipe Michi’), fue separado de sus padres a muy temprana edad, tal como marcaba la tradición, y educado por preceptores designados. De todos ellos, el que mayor afecto despertó en el joven príncipe (comparable al paterno-filial) fue el general Nogi Maresuke, un veterano militar ultranacionalista, que se suicidó tras la muerte del emperador Meiji por devoción al desaparecido monarca, y que fue reemplazado por el almirante Heihachiro Togo, héroe de la guerra ruso-japonesa. A la muerte de su abuelo, el emperador Meiji, el 30 de julio de 1912, se convirtió en príncipe heredero (formalmente la ceremonia tuvo lugar el 2 de noviembre de 1916). Ingresó en la escuela Gakushuin desde 1908 a 1914, y luego en un instituto especial para el príncipe heredero desde 1914 a 1921. Se convirtió en el primer príncipe en viajar al extranjero cuando en 1921 visitó Europa. Durante los seis meses del viaje, Hirohito visitó siete países, entre ellos: Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, los Países Bajos y la Ciudad del Vaticano. El 25 de noviembre de 1921 se convirtió en regente (Sesshō) debido a la enfermedad de su padre.
Se casó con la princesa Kuni Nagako (久邇宮良子女王, Kuni-no-miya Nagako-joō), la hija del príncipe Kuni Kuniyoshi, el 26 de enero de 1924. Tuvieron siete hijos, entre ellos Akihito, quien nació el 23 de diciembre de 1933, y llegaría a ser el siguiente emperador.
Ascenso al trono

El 25 de diciembre de 1926 tras la muerte de su padre Yoshihito, le sucedió en el trono con el título de Shōwa (Paz Ilustrada). Fue el primer emperador en siglos cuya madre biológica era la esposa oficial del anterior emperador.
En la primera parte de su reinado hasta 1945, asistió al incremento de la influencia del poder militar sobre el Gobierno. El Ejército Imperial estaba excluido del Gobierno desde 1900, aunque practicó el asesinato de políticos, entre los que destacó el del primer ministro Tsuyoshi Inukai en 1932. Desde entonces, los militares controlaron la política hasta la derrota en la guerra.
Segunda guerra sino-japonesa
A partir del incidente de Mukden en 1931, en donde un tramo del ferrocarril del Sur de Manchuria, gestionado por una compañía de propiedad japonesa, fue dinamitado, Japón ocupó territorios chinos y estableció gobiernos títeres, originando así una segunda guerra entre ambas naciones, desde la primera. Tal "agresión fue recomendada a Hirohito" por sus jefes de personal y primer ministro Fumimaro Konoe, y Hirohito nunca se opuso personalmente a ninguna invasión de China.[4] Su principal preocupación parece haber sido la posibilidad de un ataque de la Unión Soviética en el norte. Sus preguntas a su jefe de gabinete, el príncipe Kan'in, y al ministro del ejército, Hajime Sugiyama, se referían principalmente al tiempo que le tomaría aplastar la resistencia china.
Según Akira Fujiwara, Hirohito respaldó la política de calificar la invasión de China como un "incidente" en lugar de una "guerra"; por lo tanto, no emitió ningún aviso para observar el derecho internacional en este conflicto (a diferencia de lo que hicieron sus predecesores en conflictos anteriores oficialmente reconocidos por Japón como guerras), y el viceministro del Ejército japonés instruyó al jefe de personal del Ejército de Guarnición de China en Japón el 5 de agosto no usar el término "prisioneros de guerra" para los cautivos chinos. Esta instrucción condujo a la eliminación de las restricciones del derecho internacional sobre el tratamiento de los prisioneros chinos.[5] Los trabajos de Yoshiaki Yoshimi y Seiya Matsuno muestran que el Emperador también autorizó, por órdenes específicas, el uso de armas químicas contra los chinos.[6] Durante la invasión de Wuhan, de agosto a octubre de 1938, el Emperador autorizó el uso de gas tóxico en 375 ocasiones separadas,[7] a pesar de la resolución adoptada por la Liga de las Naciones el 14 de mayo que condena el uso japonés de gas tóxico.
La guerra, que se había prolongado más de ocho años, causó una enorme destrucción y unos veinte millones de muertos, la gran mayoría, civiles. Los ejércitos gubernamentales chinos quizá perdieron un millón de soldados. China se hallaba arrasada por la larga contienda.
Extensas zonas rurales quedaron dominadas por los comunistas, en especial en el norte del país. Otras estaban en poder de unidades militares a menudo ligadas a los desaparecidos Gobiernos títeres chinos. El Gobierno nacionalista, deseoso de recuperar el control del mayor territorio posible, de que este no cayese en manos de los rivales comunistas y de aumentar sus fuerzas, aceptó en general la inclusión en el Ejército de estas unidades. Aunque algunas de estas se integraron en el ejército comunista, el grueso engrosó las filas del Gobierno del Kuomintang. A diferencia de los mandos militares filojaponeses, que no sufrieron en general castigo alguno de los vencedores, los políticos que habían colaborado con los nipones sí sufrieron duras represalias, primordialmente porque no resultaban necesarios en la posguerra, en contraste con los militares.
Segunda Guerra Mundial


De acuerdo con la concepción tradicional, Hirohito era de carácter reservado y tranquilo, mucho más mesurado que los generales del Ejército. Según esta concepción, su carácter de divinidad le hacía mantener un distanciamiento de quienes conducían los destinos militares de su país.
Por otro lado, en los años posteriores a la muerte de Hirohito han salido a la luz numerosos documentos no publicados hasta entonces, incluyendo los diarios de importantes personajes de la Corte imperial de la época (los diarios de Koichi Kido, señor del Sello Privado, correspondientes al período 1940-45, del general Hajime Sugiyama, jefe de Estado Mayor durante la guerra, de Nobuaki Makino, gran chambelán del emperador de 1925 a 1935 o el de su ayudante de campo, Takeji Nara, por citar unos cuantos). Estos diarios sugieren que la participación de Hirohito en la Segunda Guerra Mundial fue mucho más activa de lo que, desde 1945, ha venido sosteniendo la concepción tradicional, y se ha generado una fuerte controversia sobre el alcance de la responsabilidad del emperador, controversia que persiste desde que se ha conocido esta documentación. Así, autores como el británico Edward Behr,[8] los estadounidenses Peter Wetzler[9] y Herbert Bix,[10] el neerlandés Ian Buruma, el español Manuel Leguineche[11] o los japoneses Akira Yamada[12] y Akira Fujiwara,[13] sostienen que fue Hirohito quien condujo a Japón a la guerra.
Igualmente, en diciembre de 1990, el periódico japonés Bungei Shunju publicó póstumamente un monólogo del emperador, conocido como dokuhakuroku, que data de 1946, y en el que Hirohito se autoproclama ajeno a la política bélica japonesa, pero al mismo tiempo la justifica por un supuesto racismo de las potencias occidentales, que no habían tratado a Japón en pie de igualdad en las Conferencias de Paz tras la Primera Guerra Mundial, y en la «educación antijaponesa» que se impartía en China, para concluir que no fue posible evitar la guerra a causa de estas actitudes. En este monólogo, Hirohito se refiere a su primer ministro de la guerra, general Hideki Tōjō, como un «leal servidor».
De acuerdo con el historiador japonés Akira Fujiwara, el emperador, incluso, ratificó personalmente, el 5 de agosto de 1937, la proposición de su Ejército para eludir las restricciones del derecho internacional sobre el trato a los prisioneros chinos.[14] Más aún, los trabajos de Yoshiaki Yoshimi y Seiya Matsuno muestran que Hirohito autorizó a través de órdenes específicas (rinsanmei) el uso de armas químicas contra los chinos.[15] Por ejemplo, durante la invasión de Wuhan, de agosto a octubre de 1938, el emperador autorizó el uso de gas tóxico en 375 ocasiones distintas,[16] a pesar de la resolución adoptada por la Sociedad de Naciones el 14 de mayo, condenando el uso de gas tóxico por el Ejército japonés.
Firmó la orden en la que se debería entrar en guerra con los Países Bajos, el Reino Unido y los Estados Unidos si sus demandas de vía libre en China e Indochina no eran satisfechas. Meses antes, los estadounidenses habían suspendido el envío de petróleo a Japón como medida de presión.

El primer ministro, príncipe Fumimaro Konoe, era muy reticente a iniciar una guerra contra los Estados Unidos y los países de la Commonwealth. Sin embargo, el emperador Hirohito se inclinó finalmente por las tesis del sector más belicista, como el propio Konoe admitiría ante su jefe de Gabinete, Kenji Tomita.[17] Ante su aislamiento en el Gobierno y la falta de apoyo del emperador, Konoe se vio forzado a dimitir el 16 de octubre de 1941. Para reemplazarlo, Hirohito eligió, de acuerdo con la recomendación del señor del Sello Privado, Koichi Kido, al hasta entonces ministro de la Guerra, general Hideki Tōjō, una de las figuras más destacadas del sector belicista, encargándole la organización del ataque contra la flota estadounidense en el Pacífico.[18] El 1 de diciembre, en una Conferencia Imperial celebrada en Tokio, Hirohito dio su aprobación oficial para el comienzo de la guerra.
Así pues, el 8 de diciembre (7 de diciembre en Hawái) de 1941, se atacó simultáneamente la base estadounidense de Pearl Harbor y todo el sudeste asiático.
Con la nación plenamente comprometida en la guerra, el emperador tomó un gran interés en el progreso militar y trató de estimular la moral. De acuerdo con Akira Yamada y Akira Fujiwara, Hirohito hizo importantes intervenciones en algunas operaciones militares. Por ejemplo, presionó a Sugiyama en cuatro ocasiones, el 13 y el 21 de enero, y el 9 y 26 de febrero de 1942, para aumentar los efectivos y lanzar un ataque contra Bataan. El 9 de febrero, el 19 de marzo y el 29 de mayo, el emperador ordenó al jefe del Estado Mayor del Ejército examinar las posibilidades para un ataque en Chongqing, lo que condujo a la Operación Gogo.[19]
A principios de 1945, tras la derrota en la batalla de Leyte, Hirohito inició una serie de reuniones individuales con oficiales de alto rango del Gobierno para evaluar el progreso de la guerra. Todos, excepto el ex primer ministro Fumimaro Konoe aconsejaron continuar la guerra. Konoe temía una revolución comunista incluso más que la derrota en la guerra e insistía en una rendición negociada. En febrero de 1945, durante la primera audiencia privada con el emperador que le había sido permitida en tres años,[20] Konoe aconsejó a Hirohito iniciar negociaciones para finalizar la guerra. De acuerdo con el gran chambelán Hisanori Fujita, el emperador, que buscaba todavía una tennozan (gran victoria) para obtener una posición negociadora más fuerte, rechazó firmemente la recomendación de Konoe.[21]
Con la guerra perdida, los japoneses continuaron ante la petición aliada de rendición incondicional, lo que suponía probablemente la eliminación de la figura del emperador. Sin embargo, pese a la ocupación estadounidense, durante los Juicios de Tokio el emperador recibió inmunidad en su favor y no fue acusado.
| Honoria | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento | c. 417 Ravena (Italia) | |
| Fallecimiento | Cartago (Túnez) | |
| Familia | ||
| Padres | Constancio III Gala Placidia | |
| Cónyuge | Flavio Basso Herculano | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Gobernante | |

Justa Grata Honoria (en latín, Iusta Grata Honoria, Ravena, 419- Constantinopla, 457?) era hija del augusto Constancio III, emperador de Occidente, y de su esposa Gala Placidia, hija del augusto Teodosio I, emperador de Roma. Su hermano Valentiniano III heredó el gobierno del Imperio Romano de Occidente del tío de ambos, Honorio.
Biografía
Honoria fue educada en Constantinopla con sus primas Pulqueria, Arcadia y Marina, hijas del augusto Arcadio. Desde allí, disconforme con su vida devota y pía, le envió una carta a Atila para proponerle matrimonio, aprovechando la crisis política que se había producido por la muerte de su primo Teodosio II y de su madre. El rey de los hunos reclamó su mano, pero como Valentiniano se la negó,[1] Atila saqueó Aquilea (452).
Las monedas acuñadas con su imagen atestiguan que a ella le concedieron el título de augusta.
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