«Mozart» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Mozart (desambiguación).
| Wolfgang Amadeus Mozart | ||
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Retrato póstumo, obra de Barbara Krafft, 1819. | ||
| Información personal | ||
| Nombre de nacimiento | Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart | |
| Nombre en alemán | Johann Chrysostomos Wolfgang Gottlieb Mozart | |
| Nacimiento | 27 de enero de 1756 Salzburgo, Principado-arzobispado de Salzburgo | |
| Fallecimiento | 5 de diciembre de 1791 (35 años) Viena, Archiducado de Austria | |
| Causa de muerte | sin esclarecer | |
| Sepultura | Cementerio de San Marcos | |
| Religión | Catolicismo romano[1] | |
| Lengua materna | Alemán | |
| Características físicas | ||
| Altura | 1,63 m | |
| Familia | ||
| Familia | Familia Mozart | |
| Padres | Leopold Mozart Anna Maria Mozart | |
| Cónyuge | Constanze Mozart (1782-1791) | |
| Hijos | Raimund Leopold Mozart Karl Thomas Mozart Johann Thomas Leopold Mozart Theresia Constanzia Adelheid Friedericke Maria Anna Mozart Anna Maria Mozart Franz Xaver Wolfgang Mozart | |
| Educación | ||
| Alumno de | ||
| Información profesional | ||
| Ocupación | Compositor, profesor de música, pianista, músico, organista, violinista y director de orquesta | |
| Área | Ópera, sinfonía, concierto, música de cámara, quinteto de cuerda, cuarteto de cuerda (pieza musical), música sinfónica, música sacra, música clásica, música e interpretación de piano | |
| Años activo | 1761-1791 | |
| Empleador | ||
| Estudiantes | Johann Nepomuk Hummel, Franz Xaver Süssmayr, Barbara Ployer, Thomas Attwood, Ignaz von Seyfried y Anton Eberl | |
| Movimiento | Clasicismo | |
| Géneros | Clasicismo musical, música de cámara, ópera y sinfonía | |
| Instrumentos | Órgano, clavicordio, clavecín, fortepiano, violín, viola y piano | |
| Obras notables | ||
| Miembro de | Francmasonería (desde 1784) | |
| Distinciones |
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| Firma | ||
Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart[a] (Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791), más conocido como Wolfgang Amadeus Mozart, fue un compositor, pianista, director de orquesta y profesor de origen austriaco,[2] del antiguo Arzobispado de Salzburgo (anteriormente parte del Sacro Imperio Romano Germánico, actualmente parte de Austria). Maestro del clasicismo, es considerado como uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia.
La obra mozartiana abarca todos los géneros musicales de su época e incluye más de seiscientas creaciones, en su mayoría reconocidas como obras maestras de la música sinfónica, concertante, de cámara, para fortepiano, operística y coral, logrando una popularidad y difusión internacional.
En su niñez más temprana en Salzburgo, Mozart mostró una capacidad prodigiosa en el dominio de instrumentos de teclado y del violín. Con tan solo cinco años ya componía obras musicales y sus interpretaciones eran del aprecio de la aristocracia y realeza europea. A los diecisiete años fue contratado como músico en la corte de Salzburgo, pero su inquietud le llevó a viajar en busca de una mejor posición, siempre componiendo de forma prolífica. Durante su visita a Viena en 1781, tras ser despedido de su puesto en la corte, decidió instalarse en esta ciudad, donde alcanzó la fama que mantuvo el resto de su vida, a pesar de pasar por situaciones financieras difíciles. En sus años finales, compuso muchas de sus sinfonías, conciertos y óperas más conocidas, así como su Réquiem. Las circunstancias de su temprana muerte han sido objeto de numerosas especulaciones y elevadas a la categoría de mito.
Según críticos de música como Nicholas Till, Mozart siempre aprendía vorazmente de otros músicos y desarrolló un esplendor y una madurez de estilo que abarcó desde la luz y la elegancia, a la oscuridad y la pasión —todo bien fundado por una visión de la humanidad «redimida por el arte, perdonada y reconciliada con la naturaleza y lo absoluto»—.[3] Su influencia en toda la música occidental posterior es profunda; Ludwig van Beethoven escribió sus primeras composiciones a la sombra de Mozart, de quien Joseph Haydn escribió que «la posteridad no verá tal talento otra vez en cien años».[4]
Biografía
Familia e infancia

Wolfgang Amadeus Mozart nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo, en la actual Austria, que en esa época era un arzobispado independiente del Sacro Imperio Romano Germánico. Fue el último hijo de Leopold Mozart, músico al servicio del príncipe arzobispo de Salzburgo. Leopold era el segundo maestro de capilla en la corte del arzobispo aunque fue un experimentado profesor. Su madre se llamaba Anna Maria Pertl. Debido a la altísima mortalidad infantil en la Europa de la época, de los siete hijos que tuvo el matrimonio solo sobrevivieron Maria Anna, apodada cariñosamente Nannerl, y Wolfgang Amadeus. Fue bautizado en la catedral de San Ruperto el día después de su nacimiento con los nombres de Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart; a lo largo de su vida firmaría con diversas variaciones sobre su nombre original, siendo una de las más recurrentes «Wolfgang Amadè Mozart».[5]
La casa natal de Mozart se encuentra en la Getreidegasse de la ciudad de Salzburgo. Se trata de una casa que actualmente cuenta con una gran cantidad de objetos de la época e instrumentos que pertenecieron a Mozart durante su niñez. Es uno de los lugares más visitados de Salzburgo y una especie de santuario para músicos y aficionados a la música de todo el mundo.[6]
Leopold componía y daba clases de música. El año del nacimiento de Wolfgang publicó un exitoso tratado para la interpretación del violín titulado Versuch einer gründlichen Violinschule. Después del nacimiento de Wolfgang abandonó todo, salvo las tareas propias de su cargo, para dedicarse de manera exclusiva a la formación de su hijo. Fue exigente como padre y como profesor y en todo momento estuvo al tanto de la formación de Wolfgang, para guiarlo como hombre y como artista.
Nannerl y Wolfgang Amadeus mostraron desde muy pequeños facultades para la música. Nannerl comenzó a recibir clases de teclado con su padre cuando tenía siete años, y su hermano, cuatro años y medio menor que ella, la miraba evidentemente fascinado. Años después de la muerte de su hermano, ella rememoró:
A menudo pasaba mucho tiempo en el teclado, eligiendo terceras, que a él siempre le sorprendían y mostraba con placer que el sonido le gustaba. [...] En su cuarto año de edad, su padre comenzó a enseñarlo, como un juego, a interpretar unos minuetos y otras piezas en el teclado. [...] Podría tocarlo impecablemente y con la mayor delicadeza y manteniendo exactamente el tempo. [...] a la edad de cinco años ya componía pequeñas piezas, que interpretaba para su padre, al que estaban dedicadas.[5]

Entre esas pequeñas piezas se encuentran el Andante para teclado en do mayor, Köchel Verzeichnis (KV) 1a, y el Allegro para teclado en do mayor, KV 1b.
Cuando Wolfgang Amadeus tenía cuatro años tocaba el clavicordio y componía pequeñas obras de considerable dificultad; a los seis, tocaba con destreza el clavecín y el violín. Podía leer música a primera vista, tenía una memoria prodigiosa y una inagotable capacidad para improvisar frases musicales.
Definitivamente no era un niño común. Su progenitor era un hombre inteligente, orgulloso y religioso. Creía que los dones musicales de su hijo eran un milagro divino que él, como padre, tenía la obligación de cultivar.[7] Cuando el niño iba a cumplir seis años de edad, Leopold decidió exhibir las dotes musicales de sus hijos ante las principales cortes de Europa. Según los primeros biógrafos de Wolfgang, su padre «quiso compartir con el mundo el milagroso talento de su hijo...». Leopold creyó que proclamar este milagro al mundo era un deber hacia su país, su príncipe y su Dios, por lo que tenía que mostrarlo a la alta sociedad europea, ya que de otra manera él sería la criatura más ingrata.[8]
El biógrafo Maynard Solomon afirma que mientras Leopold era un profesor fiel a sus hijos, existen evidencias de que Wolfgang trabajaba duramente para avanzar más allá de lo que le enseñaban.[9] Su primera composición impresa y sus esfuerzos precoces con el violín fueron por iniciativa propia y Leopold se vio fuertemente sorprendido. Padre e hijo tenían una relación muy estrecha y estos logros de niñez hicieron llorar de alegría a Leopold más de una vez.[5]
Finalmente Leopold dejó de componer cuando el excepcional talento musical de su hijo se hizo evidente.[10] Él era el único profesor de Wolfgang en sus primeros años y le enseñó música, así como el resto de asignaturas académicas.[9]
Años de viajes

Durante los años en los que Mozart se estaba formando su familia realizó varios viajes por Europa, en los cuales mostraban a él y a su hermana Nannerl como niños prodigio. El 12 de enero de 1762 la familia entera partió hacia Múnich, comenzando con una exhibición en la corte del príncipe elector de Baviera Maximiliano III y más tarde en el mismo año en la corte imperial de José II de Habsburgo en Viena y Praga. La permanencia en la ciudad de Viena, uno de los principales centros de la música en esa época, culminó con dos recitales ante la familia imperial en el palacio de Schönbrunn. El pequeño Wolfgang causaba sensación en cada concierto, aunque el dinero recolectado en este viaje no fue tanto como los elogios recibidos. Podría decirse que este fue un viaje de prueba para Leopold. El 5 de enero de 1763 la familia Mozart retornó a Salzburgo; el viaje había durado poco menos de un año.
El 9 de junio de 1763 iniciaron una larga gira de conciertos que duró tres años y medio, en la que la familia se desplazó a las cortes de Múnich, Mannheim, París, Londres, La Haya, otra vez a París y volvieron a casa pasando por Zúrich, Donaueschingen y Múnich, cosechando grandes éxitos. Durante este viaje, Mozart conoció a un gran número de músicos y las obras de otros compositores, en particular a Johann Christian Bach, a quien Mozart visitó en Londres en 1764 y 1765. Bach fue una influencia importante para el joven compositor. La familia regresó a Viena a finales de 1767 y permaneció en la ciudad hasta diciembre del año siguiente. En Viena fueron llamados al palacio por la madre del emperador, María Teresa, quien quedó encantada con el niño Wolfgang Amadeus hasta el punto de que incluso lo sentó en su regazo y lo besó.
En Versalles los Mozart tocaron ante el monarca Luis XV. La anécdota fue que en esa ocasión la amante del rey, la altiva Madame de Pompadour, no permitió que el niño Wolfgang la abrazara por temor a que se estropeara su traje.[12] En Londres causaron la admiración del rey Jorge III y durante este viaje el joven músico compuso su Primera Sinfonía (en mi bemol mayor, KV 16).[13] En los Países Bajos deslumbró tocando el órgano y compuso su primer oratorio (Die Schuldigkeit des ersten Gebotes, KV 35) a los nueve años.[14]
A menudo estos viajes eran duros debido a los rudimentarios medios de transporte de aquel tiempo,[15] la necesidad de esperar pacientemente las invitaciones y el pago de las actuaciones por parte de la nobleza[16] y las largas enfermedades, algunas casi mortales, padecidas lejos de su hogar: en primer lugar enfermó Leopold, en el verano de 1764 durante su estancia en Londres,[17] y luego enfermaron ambos niños en La Haya durante el otoño de 1765.[18]
La familia regresó a Salzburgo el 30 de noviembre de 1766. Después de un año en la ciudad, Leopold y Wolfgang viajaron a Italia, dejando en casa a la madre de Wolfgang y a su hermana. Estos viajes duraron de diciembre de 1769 a marzo de 1771 y, al igual que los primeros viajes que realizaron, tenían como objetivo mostrar las capacidades del joven como intérprete y como compositor que maduraba rápidamente. Mozart conoció en Bolonia a Giovanni Battista Martini, importante teórico de la música en aquel tiempo y por quien Mozart siempre guardó un gran afecto, y fue aceptado como miembro de la Academia Filarmónica de Bolonia, considerada el centro de erudición musical de la época.[19][20] El ingreso de Mozart en la Academia fue extraordinario, ya que aún le faltaba mucho para los veinte años, edad mínima exigida por el reglamento.

Llegaron a Roma el 11 de abril de 1770, donde escuchó el Miserere, de Gregorio Allegri, una vez durante una representación en la Capilla Sixtina. Esta obra tenía carácter secreto, pues solo podía interpretarse en dicho lugar y la publicación de su partitura estaba prohibida bajo pena de excomunión. Sin embargo, apenas llegado a la posada donde se alojaba, el joven compositor escribió de memoria una versión muy aproximada de la partitura completa. El papa Clemente XIV, admirado del talento del músico de 14 años, no solo no lo excomulgó, sino que lo nombró Caballero de la Orden de la Espuela de Oro.[21][b][22]
En Milán Mozart escribió la ópera Mitridate, re di Ponto (KV 87, 1770), que fue interpretada con éxito. Esto supuso el encargo de dos nuevas óperas y Wolfgang y Leopold volvieron dos veces más a Milán (desde diciembre de 1771 hasta agosto de 1772 y desde octubre de ese mismo año hasta marzo de 1773) para la composición y los estrenos de Ascanio in Alba (KV 111, 1771) y Lucio Silla (KV 135, 1772). Leopold esperaba que estas visitas consiguieran una contratación profesional para su hijo en Italia, pero sus esperanzas nunca se cumplieron.[23] Hacia el final del último viaje a Italia, Mozart escribió la primera de sus obras más famosas y que todavía es interpretada extensamente en la actualidad, el motete Exsultate, jubilate, KV 165.
Cada representación del joven Wolfgang Amadeus era una exhibición de su virtuosismo con el clavecín y el violín (se cuenta que ya en esa época podía tocar el teclado con los ojos vendados), y maravillaba a los espectadores improvisando sobre cualquier tema que le proponían.[24]
La corte de Salzburgo


Mozart y su padre volvieron definitivamente a Salzburgo el 13 de marzo de 1773. Allí se enteraron de la muerte del príncipe-arzobispo Sigismund von Schrattenbach, quien siempre los había apoyado. Comenzó entonces una nueva etapa, mucho más difícil, en la que Hieronymus von Colloredo, el nuevo príncipe-arzobispo de Salzburgo, se mostró autoritario e inflexible con el cumplimiento de las obligaciones impuestas a sus subordinados. Mozart era hijo predilecto de la ciudad, en la que tenía muchos amigos y admiradores,[25] y tuvo la oportunidad de trabajar en numerosos géneros musicales, incluyendo sinfonías, sonatas, cuartetos de cuerdas, serenatas, divertimentos, mucha música sacra y algunas óperas menores. Varias de estas primeras obras aún son interpretadas. Entre abril y diciembre de 1775, Mozart desarrolló un entusiasmo por los conciertos para violín, produciendo una serie de cinco conciertos (los únicos que escribiría en su vida), incrementando constantemente su sofisticación musical. Los últimos tres (KV 216, KV 218 y KV 219) son ahora básicos en el repertorio de este instrumento. En 1776 centró sus esfuerzos en los conciertos para piano y orquesta (de los cuales compondría un total de 27), culminando en el Concierto para piano y orquesta n.º 9 en mi bemol mayor (KV 271, llamado Jeunehomme) a principios de 1777, considerado por los críticos el punto de inflexión de su obra.[26]
A pesar de estos éxitos musicales y de ser confirmado en su puesto de maestro de conciertos (Konzertmeister), Mozart estaba cada vez más descontento con su situación en Salzburgo y redobló sus esfuerzos para establecerse en cualquier otro sitio. Uno de los motivos de dicho descontento fue su bajo salario, 150 florines por año,[c][27] pero también necesitaba mucho tiempo para componer sus óperas y la ciudad en raras ocasiones se lo permitía. La situación empeoró en 1775 cuando el teatro de la corte fue clausurado, especialmente desde que el otro teatro de Salzburgo fue reservado principalmente para las compañías visitantes.[28]
Leopold y Wolfgang realizaron dos largas expediciones en busca de trabajo durante su larga estancia en Salzburgo. Visitaron Viena desde el 14 de julio al 26 de septiembre de 1773 y Múnich desde el 6 de diciembre de 1774 hasta marzo de 1775. Estas visitas no tuvieron éxito, aunque el viaje a Múnich tuvo una gran acogida popular con el estreno de la ópera La finta giardiniera (KV 196) y el viaje a Viena fue positivo para su arte, ya que conoció el nuevo estilo vienés a través de la música de Joseph Haydn.[29]
Viaje a París


Mozart trabó relación con los miembros de la famosa orquesta de Mannheim, la mejor de Europa en esa época. Esta orquesta era conocida porque, de una manera muy característica y especial, exageraban de manera muy explícita la diferencia entre los pasajes suaves y los fuertes. Este estilo se difundió como «estilo de Mannheim» y pocas décadas después sería una característica principal de la música del Romanticismo. También se enamoró de Aloysia Weber, una de las cuatro hijas de la familia Weber, a la que conoció durante una escala en Múnich. En Mannheim había algunas perspectivas de conseguir empleo, pero no encontraron nada y los Mozart se marcharon a París el 14 de marzo de 1778[30] para continuar su búsqueda. Allí su suerte apenas mejoró. En una de sus cartas a casa insinúa la posibilidad de establecerse como organista en Versalles, pero Mozart no estaba demasiado interesado con este nombramiento.[31] Su situación económica era delicada hasta el punto de que debido a las deudas tuvo que empeñar objetos de valor.[32] El peor momento de su viaje fue cuando la madre de Mozart enfermó y falleció el 3 de julio de 1778.[33] Probablemente se demoraron demasiado en llamar a un médico, según Halliwell, por la falta de fondos.[34]
Durante la estancia de Wolfgang en París, Leopold seguía buscando enérgicamente oportunidades para la vuelta de su hijo a Salzburgo[35] y con el apoyo de la nobleza local asegurarle una mejor posición como organista y primer violinista de la corte. El salario anual ascendía a 450 florines,[36] pero Wolfgang era reacio a aceptarlo[37] y después de marcharse de París el 26 de septiembre de 1778 se detuvo en Mannheim y Múnich, todavía con la esperanza de obtener un nombramiento fuera de Salzburgo. En Múnich se volvió a encontrar con Aloysia, convertida en una exitosa cantante, pero ella le dejó claro que no estaba interesada en él.[38]
Finalmente, Wolfgang regresó a su hogar el 15 de enero de 1779 y aceptó el nuevo puesto, pero su descontento con Salzburgo no había disminuido. La Sonata para piano n.º 8 en la menor (KV 310) y la Sinfonía n.º 31 en re mayor (KV 297, llamada París) están entre las obras más conocidas de la estancia de Mozart en París, donde fueron ejecutadas el 12 y 18 de junio de 1778, respectivamente.[39]
Marcha a Viena

En enero de 1781, se estrenó en Múnich la ópera Idomeneo, re di Creta (KV 366) de Mozart con un «considerable éxito»[40] y en marzo, el compositor fue llamado a Viena, donde su patrón el arzobispo Colloredo acudió a las celebraciones del acceso al trono austriaco de José II de Habsburgo como emperador.[d] Mozart, fortalecido por los elogios recibidos en Múnich, se sintió ofendido cuando Colloredo lo trató como a un mero sirviente y particularmente cuando el arzobispo le prohibió tocar ante el Emperador en casa de la condesa Maria Wilhelmine Thun, actuación por la que hubiera recibido unos honorarios iguales a la mitad del salario anual que cobraba en Salzburgo.
El enfrentamiento llegó en mayo, cuando Mozart se negó a llevar un paquete enviado por Colloredo a Salzburgo. Ante su negativa de convertirse en mensajero, Mozart es insultado por su patrón y el compositor, de forma audaz, lo interrumpe en medio de su ira: «¿Su Gracia no está conforme conmigo?». La respuesta de Colloredo fueron más improperios y se cerró con un «¡vete ya!». Mozart intentó dimitir de su puesto presentando su dimisión al auxiliar del arzobispo, el conde Arco, pero el arzobispo la rechazó. Le concedieron un permiso el mes siguiente, pero de forma insultante. Días más tarde, cuando Mozart intentaba entregar personalmente a Colloredo un último «memorial», el conde Arco le cerró el paso en la antecámara del arzobispo, produciéndose otra escena violenta, y el compositor fue expulsado literalmente «con una patada en el culo».[41]
La discusión con el arzobispo fue muy dura para Mozart porque su padre se posicionó en su contra, ya que esperaba fervientemente que siguiera obedientemente a Colloredo en su vuelta a Salzburgo. Leopold intercambió cartas con su equivocado hijo, urgiéndole a reconciliarse con su patrón, pero Wolfgang defendió apasionadamente sus intenciones de emprender una carrera independiente en Viena. El debate finalizó cuando Mozart renunció a su puesto, liberándose de las demandas de un patrón opresivo y un padre demasiado solícito. Solomon caracteriza la dimisión de Mozart como un «paso revolucionario» que alteró enormemente el curso de su vida.[42] En Viena, Mozart se había dado cuenta de algunas buenas oportunidades y decidió instalarse allí como intérprete y compositor independiente.
EPÓNIMO :

Se denomina "efecto Mozart" a la serie de supuestos beneficios que produce el hecho de escuchar la música compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart. Dicho efecto «continúa siendo objeto de investigación, sin ninguna pronunciación firme o definitiva que reivindique o deseche la teoría en cuestión».[1]
El libro que dio origen al término
En 1991, el otorrinolaringólogo e investigador Alfred A. Tomatis publicó el libro Pourquoi Mozart basado en su Método Tomatis, y en el cual utilizaba música durante las sesiones de terapia con sus pacientes, afirmando que la música de Mozart ayudaba en el proceso y que podía curar casos de depresión.[2] Su método, desarrollado a mediados del siglo XX, pretendía estimular el oído y el sistema nervioso para integrar aspectos sobre el desarrollo y comportamiento humano.[3]
El estudio que investigó el efecto
En 1993, la psicóloga Frances Rauscher et al.[4] de la Universidad de California[5] describió en un artículo, «Music and Spatial Task Performance», publicado en la revista Nature,[4] que la exposición de 36 estudiantes durante 10 minutos a la sonata para dos pianos en re mayor KV 448/375a (en el catálogo Köchel) tenía efectos positivos en las pruebas de razonamiento espacio temporal. Este efecto duraba unos 10 minutos.
El estudio se realizó sobre tres grupos de 36 alumnos de instituto en cada grupo. Mientras un grupo escuchaba a la obra citada, un segundo grupo escuchaba a instrucciones de relajación diseñadas para reducir la presión arterial. Un tercer grupo permaneció en silencio. A los diez minutos, tuvieron que completar una serie de tareas, incluyendo pruebas de razonamiento según Stanford-Binet y pruebas de doblar y cortar papel. Los investigadores encontraron que los alumnos que habían escuchado a Mozart obtuvieron puntuaciones más altas que los alumnos de los demás grupos.[2]
Impacto cultural y en el mercado
Poco después, un artículo en ¡Hola! afirmó que los «investigadores [Rauscher y Shaw] habían determinado que escuchar a Mozart realmente te hace más listo».[2] Entre las distintas iniciativas posteriores basadas en la investigación sobre el efecto Mozart, tanto la industria musical como algunas escuelas privadas lo utilizó como una herramienta de marketing,[6] y en 1998 el gobernador de Georgia regaló un casete o un CD de música clásica a cada madre primeriza que diera a luz en el estado.[5] Lo mismo sucede en Dakota del Sur, Texas, y Tennessee. Otro regalo semejante, a todas las madres, hace la Academia Nacional Americana de las Artes y Ciencias. Y una reciente ley de Florida obliga que todos los niños con edades inferiores a cinco años escuchen en sus colegios 30 minutos diarios de música clásica. Uno de los investigadores del proyecto original comentó: «No creo que haga daño. Yo apoyo que los niños sean expuestos a experiencias culturales maravillosas. Pero creo que el dinero podría ser mejor invertido en los programas de educación musical.»[cita requerida]
Frances Rauscher, la investigadora y profesora de psicología de la Universidad de Wisconsin-Oshkosh, que realizó el primer estudio experimental en 1993 se muestra molesta con el grado de explotación comercial del efecto Mozart y la orientación lucrativa que se le dio a sus investigaciones. En todas sus conferencias deja claro que no existe evidencia científica de que al escuchar algún tipo de música se incremente la inteligencia.
De hecho, una investigación realizada en 2010 por los científicos Jacob Pietschnig, Voracek Martin y Anton K. Forman del Instituto de Investigación Básica Psicológica de la Universidad de Viena, y publicada en la prestigiosa revista Intelligence, revela que las sonatas de Mozart son agradables para el oído, pero la creencia de que potencia la inteligencia de los niños es falsa.
El análisis estadístico de toda la literatura de investigación disponible de 39 estudios con más de 3000 voluntarios en esta materia no encontró cambios significativos en sus habilidades cognitivas. Este estudio muestra que el solo hecho de escuchar música de Mozart no permite observar mejoras en las facultades de los sujetos de la investigación. Así mostraron que el efecto Mozart en la inteligencia no es más que una de las muchas "leyendas urbanas" de la psicología popular: "Recomiendo a todos que escuchen música de Mozart, pero no se puede satisfacer la expectativa de que de esta manera se logre un aumento de la capacidad cognitiva", explicó Jakob Pietschnig, uno de los autores del estudio.
Si bien la música armónica, melódica y rítmica de varios compositores realizan casi el mismo trabajo que Mozart, dicho autor es especial, explica Tomatis en su libro Por qué Mozart, ya que los ritmos y frecuencias que usa “dan una sensación de libertad y rectitud que nos permite respirar, pensar y reflexionar con facilidad”, acrecienta nuestro potencial creativo de una manera más natural, nos regala una “sensación de seguridad permanente”... El milagro de Mozart es “Colocar al ser humano al unísono con la armonía universal".
Estudios científicos sobre el efecto Mozart
En 2001, la revista Journal of the Royal Society of Medicine publicó una recapitulación respecto al efecto Mozart realizado por el Dr. J. S. Jenkins,[4] en donde afirma que efecto Mozart existe, pero hay que delimitarlo y estudiarlo con más profundidad. Entre sus conclusiones, afirma que cuando hay una mejora en los rendimientos, esta es pequeña y el efecto no va más allá de unos 12 minutos. Tampoco afecta a la inteligencia en general. Sin embargo, afirma que hay efectos beneficiosos en personas con epilepsia, pero que los resultados no son específicos a las composiciones de Mozart y que no existen criterios musicales definidos.[4]
En 2003, la revista Nature publicó una investigación de la Universidad de California que reforzaba la idea concluyendo que solo diez minutos de una sonata para piano de Mozart bastaban para mejorar nuestro razonamiento espacial.
En 2007 un informe publicado por el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania, del que se hizo eco Nature, presentó un análisis posiblemente de toda la literatura científica relacionada con música e inteligencia concluyendo que «escuchar pasivamente la música de Mozart —o cualquier otro tipo de música del agrado de uno— no hace a una persona más inteligente. Pero otros estudios deberían ser realizados para comprobar si la audición de música podría incrementar a largo plazo el coeficiente intelectual de un niño...».[6]
En mayo de 2010 un equipo de científicos de la Universidad de Viena comprobó la influencia de la música de Mozart en 3000 personas, y los resultados no registraron ningún incremento en la inteligencia de los sujetos que habían sido sometidos al experimento.[5]
En 2013, el biólogo Nicholas Spitzer de la Universidad de California cuestionó la existencia del efecto Mozart a partir de sus interpretaciones de un estudio que dijo que no se mostraba ningún efecto en la actividad o capacidad cerebral por escuchar música de Mozart.[7]
Efectos en los episodios epilépticos
En un estudio sobre el efecto Mozart en la actividad epileptiforme, publicado en 1998, Hughes et al. mostraron con la electroencefalografía (EEG) que hubo una disminución significativo en 23 de 29 pacientes de dicha actividad con la sonata KV 448/375a.
En otro estudio sobre los episodios epilépticos, se le hizo que escuchase la sonata KV 448/375a de Mozart durante 10 minutos cada hora a una niña de ocho años que sufría episodios epilépticos, concretamente del síndrome de Lennox-Gastaut, durante el tiempo diario que estaba despierta. El número de episodios se redujo desde nueve episodios en las primeras cuatro horas a un episodio en las cuatro horas siguientes. Asimismo, la duración de los episodios se redujo de 317 segundos a 178. El día siguiente, solo tuvo dos episodios en 7 horas y media.[4]
El «efecto Mozart» tiene base científica,[8] Según se publica en Scientific report (del grupo de la revista Nature), «estudiando los episodios interictales intracraneales (IED),en dieciséis sujetos sometidos a monitorización intracraneal para la epilepsia focal refractaria. Encontramos IED reducidos durante la versión original de K448 después de al menos 30 s de exposición».[9]
«Esto NO significa que sea la cura contra la epilepsia, sino que es capaz de disminuir el número de crisis en ciertos tipos de epilepsia. De hecho, los medicamentos antiepilépticos son mucho más eficaces que esta melodía, pero la pieza K448 tiene tan pocos efectos secundarios y es tan fácil de suministrar que merece la pena probar su efecto.» (según se relata Espacio epilepsia)[10]
En 2023, Sandra Oberleiter y Jakob Pietschnig también demuestran en Scientific Reports (Nature Group) que la evidencia existente sobre el «efecto Mozart» en la epilepsia no es científicamente sólida. En un extenso metaanálisis se argumentó que los resultados positivos en cuanto a la mejoría de los síntomas se basan en diseños de investigación inadecuados, informes selectivos y muestras demasiado pequeñas. Además, los resultados no se pueden replicar porque los datos de los estudios no están disponibles y, por lo tanto, no cumplen con los estándares de investigación modernos.

Las Mozartkugeln (singular Mozartkugel, en español "bola de Mozart") son un dulce tradicional de la gastronomía de Austria originario de la ciudad de Salzburgo. Fueron creadas por el pastelero Rudolf Bauman en 1880 y su nombre es un homenaje al compositor Wolfgang Amadeus Mozart.[1] La confitería Josef Holzermayr sigue elaborándolas de forma artesanal y de acuerdo a la receta original. Como dicha confitería no posee los derechos legales sobre la denominación "Mozartkugeln", existen numerosas imitaciones del producto, generalmente fabricadas siguiendo métodos industriales.
Origen
El maestro pastelero Rudolf Baumann llegó a Salzburgo en 1880 y abrió su propio establecimiento en el número 7 de la Alter Markt - Confiserie Josef Holzermayr. Produjo su primer Mozartkugel en 1880, para posteriormente comercializarlo en grandes cantidades, ya como Mozartkugeln. El mérito de Baumann consistió en fabricar un bombón de forma casi perfectamente esférica. El proceso de producción empleado en la confitería Baumann no ha sufrido cambios hasta el día de hoy.
Receta
Cada Mozartkugel está formada por una bolita de mazapán de pistacho recubierto de nougat. Durante su fabricación, esta bola se ensarta en un palito de madera y se sumerge en un baño de chocolate negro. Lo siguiente es poner el palito de forma vertical con la Mozartkugel en lo alto para permitir que esta se seque y endurezca. Finalmente se retira el palo y se cubre con chocolate el agujero dejado por este. La bola, lista para ser consumida, se envuelve en papel de aluminio. Aproximadamente 1,4 millones de Mozartkugeln al año se fabrican siguiendo esta técnica.
| Erasto B. Mpemba | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento | 1950 | |
| Fallecimiento | 14 de mayo de 2023[1] Tanzania | |
| Residencia | Tanzania | |
| Nacionalidad | Tanzano | |
| Lengua materna | Suajili | |
| Educación | ||
| Educado en | College of African Wildlife Management | |
| Información profesional | ||
| Área | Física y Conservación de fauna salvaje | |
| Conocido por | Efecto Mpemba | |
| Empleador | Ministerio de Recursos Naturales y Turismo | |
Erasto Bartholomeo Mpemba (Tanzania, 1950–2023)[1] fue un conservacionista tanzano de fauna salvaje, reconocido como descubridor del efecto Mpemba. Este efecto, contra intuitivo como puede sonar, describe como bajo ciertas circunstancias el agua caliente se congela a mayor rapidez que la fría, contradiciendo las expectativas de la ley del enfriamiento de Newton.
El efecto había sido observado previamente por Aristóteles (descrito en su falsa teoría de Antiperístasis), Giovanni Marliani, Francis Bacon, René Descartes y Joseph Black, sin embargo a Mpemba se le debe el hecho de que sea aceptado actualmente. El joven Mpemba mantuvo un obstinado pulso en contra del sistema educativo y las leyes de la física que parecían contradecir sus observaciones, el cual, finalmente ganó.
Observación del efecto Mpemba
Primera observación
Con 13 años de edad Erasto Mpemba asistía a la Escuela Secundaria de Magamba. En ella, los estudiantes podían preparar sus propios helados comprando leche en el mercado, hirviéndola, mezclándola con azúcar y enfriándola en el congelador. No había demasiadas bandejas de cubitos en el congelador, así que los niños se apuraban a obtener una lo antes posible.
Un día mientras Erasto hervía su leche, se dio cuenta de como otro de los niños guardaba la de él sin haberla hervido antes. El temor a perder el último espacio dentro del congelador, le hizo verter la leche caliente en la última bandeja de cubitos del congelador aun a riesgo de estropearla.
Cuando una hora y media más tarde él y su amigo sacaron sus helados, observaron cómo el de Erasto estaba completamente congelado, mientras que el de su amigo no. Intrigado por el inusual hecho, le pregunto a su profesor de física el porqué. A lo que este contestó que no era posible y que se había confundido. El niño aceptó la corrección sin repetir el experimento.[2]
Pese a ello, durante ese mismo año, veraneando en la población de Tanga comento lo ocurrido con algunos vendedores de helados amigos suyos. Para su sorpresa, ellos habían comenzado a guardar la leche caliente, porque sencillamente, era mucho más rápido.
EPÓNIMO :

El efecto Mpemba es el nombre dado a un fenómeno en el proceso de congelación del agua que se produce cuando el agua caliente se congela antes que el agua fría bajo ciertas circunstancias.[1][2]
Historia
Aunque este hecho había sido observado ya por Aristóteles,[3] Descartes y Bacon,[4] fue Erasto B. Mpemba quien llamó la atención sobre el fenómeno en el año de 1970. Mpemba lo observó por primera vez en el aula Eugene Marschall de la Escuela Secundaria Mkwawa, en Iringa, Tanzania, en 1963, después de notar durante las clases de cocina que la mezcla caliente para los helados se congelaba antes.[5]
Más adelante comenzó a realizar experimentos para comprobarlo junto a Denis G. Osborne en 1969.[6]
Explicación
A pesar de que, a simple vista, este fenómeno parece atentar contra el sentido común, este efecto se produce solamente en determinadas circunstancias.[7] Por ejemplo, si se mete en el congelador agua a 35 °C y agua a 5 °C, el agua a 35 °C se congela después que el agua a 5 °C; ya que se necesitan diferencias de temperaturas y temperaturas altas para apreciar el efecto, como por ejemplo 35 °C y 80 °C o 70 °C y 90 °C, en cuyo caso el agua más caliente se congelará más rápido.
Para entender el porqué, hay que conocer las causas principales:
- En el recipiente caliente el líquido circula mejor, con lo cual el agua caliente de la zona central se mueve con más rapidez hacia las paredes del recipiente o hacia la superficie, produciéndose su enfriamiento.[7]
- A mayor temperatura, el agua se evapora más rápido.
- Cuanto más caliente está un líquido, menos gases disueltos le quedan (los gases dificultan la congelación).[8]
Teniendo como ejemplo un vaso de agua a 80 °C dentro de un congelador, y que este tarda 10 min en congelarse y, por otro lado, otro vaso de agua a 95 °C, se puede suponer que el segundo se congelará en un tiempo igual a lo que tarde en disminuir su temperatura a 80 °C, más los 10 min de congelación.[9]
La explicación radica en el cambio de las condiciones del agua al pasar de 95 °C a 80 °C. En principio, podría suponerse que el agua más caliente debe tardar más en congelarse, puesto que primero debe transcurrir un cierto tiempo hasta alcanzar la misma temperatura inicial que la otra, momento en el que comenzaría el proceso de congelación de 10 minutos. En la práctica, esto no es así, ya que la disminución de 15 °C del agua más caliente produce, entre otras cosas, un cambio en la masa (el agua más caliente pierde más masa por evaporación) y una reducción del gas disuelto (lo que aumenta la pureza del agua), factores que afectan su velocidad de congelación.
Si se pone un plástico encima de los vasos para evitar la evaporación, se sigue congelando antes el vaso más caliente, pero ahora con menos diferencia. Esto es debido a la mayor convección interna (y durante más tiempo) del vaso más caliente, lo que favorece la transferencia de calor al congelador.
Lo fundamental del efecto Mpemba es que no se aplica a dos temperaturas cualesquiera. Estudios recientes realizados por el doctor L. Vinu, constatan que con una diferencia de temperatura superior a 30 °C el fenómeno es más probable.[
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